Camilo José Cela

6 junio 2006

60 ANIVERSARIO VIAJE A LA ALCARRIA

Del Tajuña al Henares

Cela descubrió la Alcarria durante su viaje en 1946, después alquiló un chalé en El Clavín y finalmente se trasladó a una finca en El Espinar, a orillas del río Henares. El novelista gallego sentía agradecimiento por estas tierras y mantenía amistad con los personajes de su libro, con las autoridades afines y con los poetas locales
Nueva Alcarria, 06.06.06
Redacción

“El que resiste gana”. Este lema acompañó a Camilo José Cela durante toda su vida. Una vida cuya cuerda tensó este genio de la naturaleza hasta lo indecible. Por estas tierras de Guadalajara llegó en el año 1946 animado por algunos amigos escritores, entre los que se encontraba el torijano José María Alonso Gamo, para escribir un libro de viajes sobre la Alcarria. De aquel “andar, un pie tras otro, con sosiego y buena voluntad” saldría un texto que la madre de Cela calificó como el mejor de su hijo. A los pocos años de su aparición se convertiría en un libro de culto. Sin duda ha sido la obra con mayor calado popular de un autor que se atrevió a romper moldes y trajo un aire de libertad en medio del lenguaje grandilocuente de la posguerra.
A los pocos años de su aparición, “Viaje a la Alcarria” se tradujo a varios idiomas y el nombre de esta comarca se universalizaría, llegando hasta China en una edición que al Nóbel le producía una orgullosa sonrisa. Nació así un vínculo de amor-odio entre una tierra que se volcaba en elogios al escritor amigo del buen vino, la siesta (“con pijama y orinal”) y los chascarrillos, pero al que no le perdonaban que exhibiese a los cuatro vientos las miserias de un país pobre, olvidado de la mano de Dios, y de sus políticos, y escaso en iniciativas.

Amor en el molino

Al cumplirse los 25 años de la publicación de “Viaje a la Alcarria”, la provincia le rindió un multitudinario homenaje, colocando placas en cada uno de los pueblos por donde pasó en su primer recorrido. En 1985, Cela se empapa de “glamour” y organiza a bombo y platillo, con cámaras de televisión, patrocinadores millonarios y “choferesa” negra, un segundo viaje por estas tierras. Entra de lleno en el mundo de la farándula mediática y eso le vuelve a crear envidias y enemigos dentro y fuera de Guadalajara. Pero Cela era así, provocador y trasgresor en lo relativo a su imagen pública. Cortés y tierno en su vida privada, y rebelde y violento delante de las cámaras de televisión. Una mezcla de “enfant terrible” y de gran señor, como le recuerda Francisco García Marquina, uno de sus mejores amigos por estas tierras.

Pocos meses después de su viaje en coche y en globo por la Alcarria, vuelve a Guadalajara. En el molino de Caspueñas vive en secreto su “última generación amorosa” con la periodista Marina Castaño, con acabaría viniéndose a vivir en Guadalajara en 1989. Allí, en su casa de El Clavín, recibiría la noticia de que la Academia sueca le había concedido el premio Nóbel, un galardón que vuelve a despertar las críticas de sus detractores crónicos y el aplauso de numerosos admiradores. Según el biógrafo de Cela, Francisco García Marquina, el escritor gallego mantenía una relación con las gentes de Guadalajara a varios niveles: “una, con los personajes de su libro, tuvo amistad con Paco Cortijo Ayuso y otros. Segundo, con las autoridades provinciales, que le ponían calles y le daban homenaje y a él le gustaba eso mucho. Y luego, con los poetas locales, con toda esa pandilla de José de Juan, Eugenio Aguilar, Perdices”.

De El Espinar a Madrid

En agradecimiento a esta tierra, en la que siempre confesó sentirse como en casa, decide asentarse comprando una finca, “El Espinar”, en las inmediaciones de Guadalajara. Pero el Nóbel le pasa factura. Los viajes se suceden sin descanso y su presencia es reclamada día tras día en actos académicos y sociales en la capital de España. Su nueva mujer, Marina Castaño, se siente incómoda en Guadalajara. Marquina, biógrafo de Cela, la considera una mujer “de gustos urbanos”. La distancia que les separa de Madrid se le hace a esta señora cada vez más larga y en 1997 convence a su marido para trasladarse a vivir a Madrid, a Puerta de Hierro, donde pasaría el resto de su vida. De nuevo, un motivo para que algunos sectores de Guadalajara se sientan traicionados por el tótem literario, por el personaje al que más deben y más odian. Pero entonces surge de nuevo el “gentleman”, en un artículo aparecido en el ABC en julio de 1997, Cela escribe: “Ahora que me voy con la música a otra parte y no sin mi remota pena lastrándome el corazón y el güito del alma, quiero dejar paladina constancia de mi amor a Guadalajara, a cuyas piedras, a cuyas yerbas y a cuyos hombres expreso desde aquí mi gratitud por su mantenida hospitalidad”. Un día antes de su muerte, ocurrida el 17 de enero de 2002, las gentes de la Alcarria le concedieron su último homenaje, el premio Alcarria 2002. Un premio que nunca pudo recoger pero que, allá donde esté, “espero que como todos los gallegos esté a la derecha de Dios”, sabrá agradecer como siempre supo hacerlo, con sincera gratitud.

DETALLE

Camilo José Cela (1916-2002) en Guadalajara

1946
En el mes de junio realiza su Viaje por la Alcarria de Guadalajara

1948
Aparece publicado el Viaje a la Alcarria

1973
A los 25 años de la edición se realiza un viaje colocando placas conmemorativas

1985
A los 40 años hace su “Nuevo Viaje a la Alcarria”, por encargo de Cambio 16, en rolls-royce con una choferesa negra, Oteliña.

1988
Cela fija su residencia en Guadalajara en un chalé alquilado en El Clavín. Allí recibe la noticia de la concesión del premio Nóbel.

1990
Cela se traslada a vivir a una finca en El Espinar, a orillas del río Henares.

1997
Cela y su mujer, Marina Castaño, se van a vivir a Madrid, en Puerta de Hierro.