Periodismo

16 octubre 2006

FRANCISCO GIMÉNEZ-ALEMÁN Y JORGE MARTÍNEZ REVERTE

Telemadrid agoniza

Telemadrid, la televisión de la Comunidad madrileña, ha dejado de ser un medio público, se ha convertido en un aparato al servicio de unos intereses privados que no respetan los derechos de los madrileños, se burlan del pluralismo político, y ni siquiera representan los intereses de un partido mayoritario, sino de una de sus fracciones más severas. Telemadrid es hoy una televisión degradada, obediente a las consignas partidistas y que infringe los dos principios básicos que inspiran teóricamente su programación de informativos: garantizar el derecho a la información de los ciudadanos y preservar la libertad de expresión.
El País, 16.10.06
FRANCISCO GIMÉNEZ-ALEMÁN Y JORGE MARTÍNEZ REVERTE

Telemadrid, la televisión de la Comunidad madrileña, ha dejado de ser un medio público, se ha convertido en un aparato al servicio de unos intereses privados que no respetan los derechos de los madrileños, se burlan del pluralismo político, y ni siquiera representan los intereses de un partido mayoritario, sino de una de sus fracciones más severas. Telemadrid es hoy una televisión degradada, obediente a las consignas partidistas y que infringe los dos principios básicos que inspiran teóricamente su programación de informativos: garantizar el derecho a la información de los ciudadanos y preservar la libertad de expresión.

Todos los que han trabajado en un medio de comunicación público saben que para poder realizar con decencia su tarea informativa tienen que echar mano de mecanismos objetivos que lo preserven de mediatizaciones, así como de una buena dosis de capacidad de resistencia a las presiones políticas, económicas o ideológicas de distintos sectores de poder. Los mecanismos de defensa frente a esas presiones de quienes desarrollan el trabajo informativo siguen siendo deficientes en España, no sólo en Telemadrid, sino también en otras televisiones públicas. Los partidos políticos incluyen siempre en sus programas electorales unas recetas que luego son incapaces de aplicar. Las normas para la designación y la remoción de los directores generales deben ser revisadas, de suerte que preserven su independencia de actuación como máximos responsables del medio.

¿Independencia para qué? Por supuesto para una sola cosa, para poder cumplir con la función de servicio público, y para no caer en la tentación de atender a intereses corporativos, es decir, para no ceder a las presiones externas ni a las internas, porque las televisiones o las radios no son de los periodistas. Los controles a su gestión han de estar en mano de los consejos de administración y de las comisiones parlamentarias.

En el caso de las televisiones autonómicas, no sólo en Madrid, la acción de cualquier director general se desarrolla en precario si éste pretende cumplir con su función teórica. Y es por el contrario muy confortable si se pliega a las órdenes y presiones de la mayoría política que lo ha designado.

Durante muchos años en Madrid se ha dado una circunstancia afortunada: la de la coincidencia entre gobernantes respetuosos con la independencia de los directivos de la televisión y directores que, con mayor o menor fortuna, con aciertos y con errores, crearon una tradición de respeto a los procesos informativos y a los criterios de objetividad, equilibrio y calidad en la información. Sin miedo a exagerar, se puede decir, y habrá muy pocas voces que contradigan el aserto, que los informativos de los medios públicos madrileños (Onda Madrid y Telemadrid) estuvieron durante muchos años a la cabeza de la información veraz y equilibrada. Los trabajadores de estos medios podrán certificarlo y el conjunto de los ciudadanos así lo percibían. Y ello, con administraciones políticas de signo distinto, primero con el PSOE y más tarde con el PP.

Hoy, sin necesidad de entrar en una casuística que está en la mente de todos, los trabajadores de los Servicios Informativos de Telemadrid se sienten humillados y protestan a diario, hasta el punto de no firmar las informaciones para no tener que prestar su aval personal a la manipulación constante que se realiza sobre su trabajo. Lo hacen sufriendo de forma sistemática amenazas, presiones, cambios de puesto, y menosprecios diarios, según denuncian los propios trabajadores y sus representaciones sindicales.

Pero los ciudadanos de Madrid son los que llevan la peor parte: reciben una información sesgada, manipulada, al servicio de un engendro de carácter político-mediático sobre el 11-M, con lo que Telemadrid que, con todos sus defectos, tuvo un carácter ejemplar, se ha convertido en un vertedero de opiniones sesgadas que se presentan torpemente como informaciones. Pero la operación es más ambiciosa: una vez consolidada en Telemadrid se intentó ampliarla mediante la domesticación de algunos medios privados que no se resignan a entrar en su órbita, como es el caso del diario Abc.

Es urgente que los partidos que presumen de sensibilidad democrática se comprometan a poner de una vez en pie lo que sólo reclaman cuando están en la oposición: un sistema de garantías para que los medios públicos puedan cumplir su función, que no es otra que el servicio a los ciudadanos. Un servicio tan fundamental en una sociedad democrática como lo son la Educación o la Sanidad.

Quienes hemos tenido el privilegio de desarrollar nuestro trabajo en Telemadrid cuando gobernaban hombres con sensibilidad democrática, como Joaquín Leguina y Alberto Ruiz-Gallardón, que entendían la necesidad de que existieran esos medios públicos y coincidían en que era importante proteger su independencia, podemos valorar hasta qué punto prestaron un gran servicio a los madrileños.

Pero pensamos que un servicio público no puede depender sólo de la sensibilidad de los gobernantes, sino que debe estar amparado por la ley para poder cumplir su función. Hoy hablamos de Telemadrid, pero podríamos buscar muchos otros ejemplos de uso indebido de medios de comunicación públicos. Controlarlos suele ser algo más que una tentación para quienes llegan al poder. Pero la grandeza democrática está en que quienes lo ejercen por designio popular lleguen a ser capaces de impulsar unas leyes que a ellos mismos les limiten a la hora de intentar manipular en su beneficio.

Con la experiencia de la responsabilidad que ambos hemos tenido en el Ente Público Radio Televisión Madrid en etapas políticas distintas, y con Gobiernos socialista y popular, hacemos un llamamiento para que se ponga fin a una situación que está conduciendo a la cadena autonómica a su agonía.

* Francisco Giménez-Alemán y Jorge Martínez Reverte son ex directores generales de Telemadrid.