La Garlopa Diaria

5 octubre 2005

Gays

La persona que ha sido portada del número de septiembre de la revista Zero es un chico que vive en Villanueva de la Torre y trabaja de profesor en un pueblo de la sierra. Una fotografía suya a todo color encabeza un reportaje acerca de homosexuales vinculados con la docencia. En el artículo consta su nombre, pero no el origen ni el lugar de residencia. Una compañera de este periódico le reconoció por su cara y en seguida logramos contactar. Primero accedió a la entrevista, pero después se echó para atrás. “A mí no me importa, pero mis padres y mis abuelos me han pedido no aparecer en ningún medio de Guadalajara”, adujo. Estoy seguro que no le molestará esta columna porque, en definitiva, él no busca esconderse. Únicamente pide discreción como medida familiar preventiva. Por supuesto, respetamos su voluntad y cancelamos la entrevista. No es la primera vez que se cae un testimonio del colectivo homosexual en Guadalajara. Y los pocos que hablan lo hacen a cuentagotas. Eso sí, todos denuncian, ya sea en público o en privado, el carácter retrógrado de la sociedad alcarreña. Consideran que los ciudadanos aceptan su condición sexual, pero una mayoría rechaza el matrimonio y ya no digamos la adopción. Al rebufo de esta carcoma, los obispos anuncian nuevas movilizaciones y el PP mea fuera del tiesto con un recurso al Constitucional. Hablan de “uniparentalidad provocada”, pero no se dan cuenta de que el mundo avanza. A pesar de ellos. No querían el divorcio, y ahora son los que más lo utilizan. No querían el condón, y han acabado poniéndoselo. No querían la libertad, y ahora son los paladines de la Constitución. Su actitud rancia es insuficiente: los gays ya pueden casarse. Lo que me choca es el ocultismo en el que siguen viviendo en Guadalajara. Quizá ahora es el momento más adecuado para que salgan a la calle. Si lo pueden hacer en Campillo de Ranas, ¿por qué no en una ciudad que está a cincuenta y cinco kilómetros de Chueca?