Cinco años sin Chacón

He terminado de leer hace unos días la biografía de Carme Chacón escrita por la periodista Joana Bonet. Es un repaso prolijo a la trayectoria personal y política de alguien que no terminó nunca de encontrar obstáculos por ser mujer, catalana y de izquierda. Su testimonio da prueba de la penetración del PSC en amplias capas de la sociedad catalana y también de las dificultades para abrirse camino en lo más alto de la política y de las instituciones cuando eres una mujer. No digamos ya cuando eres una mujer embarazada. Sus padres vivieron en L’Hospitalet y ella empezó a hacer carrera política en Esplugues. Llevó al socialismo catalán a su cima electoral en 2008 y luego rompió moldes en Defensa, moldes personales e ideológicos ajenos al sectarismo pero también a prejuicios. Hoy se cumplen 5 años desde la muerte súbita de Chacón. «Si decimos izquierda, hacemos izquierda». Fue su idea fuerza en el Congreso del PSOE que perdió frente a Rubalcaba, un gigante político que no sale demasiado bien parado en el libro. Ninguno de los dos está ya presente y es justo recordar a dos figuras irrepetibles, dos personalidades de alto voltaje. Chacón, socialista, catalanista, española sin ataduras, feminista, europeísta, atlantista, bien pudo haber sido la primera mujer presidenta del Gobierno.

Manu Leguineche

Los queridos camaradas de Javier Reverte

EL MUNDO

En junio de 2009, el primer día que traspasé la puerta de la sede de EL MUNDO, un colega veterano me dijo: “No te hagas ilusiones, por muy bien que lo hagas, durarás uno o dos meses. Más, imposible”. Han pasado 12 años, y qué años, y aquí seguimos. Mejor dicho, aquí seguíamos. Ayer domingo fue mi último día en un periódico que ha sido y espero que siga siendo mi casa en el futuro. Lo dejo voluntariamente después de una larga etapa en Unidad Editorial en la que he tenido la oportunidad de escribir para distintas cabeceras de este grupo y trabajar en varias secciones. La última, Opinión. Ahora me incorporo como asesor en el gabinete del Ministerio de Política Territorial. Una experiencia profesional nueva y diametralmente opuesta a lo que venía haciendo.

Mi escuela en este oficio es la de Leguineche. Y Manu me enseñó que el periodista nunca debe ser protagonista. Hay que huir de la primera persona, por mucho que ahora esté en boga cultivarla, para soslayar la vanidad o la autocomplacencia. De modo que perpetro estas líneas irrelevantes solo a modo de subterfugio para despedirme de la Redacción y de todos los compañeros (con algunos lo he podido hacer por persona o por otros medios durante los últimos días), y también para agradecer la confianza demostrada por los diferentes responsables del periódico durante todo este tiempo.

Concepción Arenal sostenía que “no son los hechos una cosa tan fácil de ver como se cree”. Precisamente por eso merece la pena seguir ejerciendo el periodismo. Ha sido un placer hacerlo en EL MUNDO al lado de tantos profesionales excelentes.

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[Buscador de mis artículos y reportajes publicados en EL MUNDO, excepto los editoriales y las columnas de opinión]. Raúl Conde | Buscador | ELMUNDO.es

Foto de la estupenda serie que hizo el gran Alberto Di Lolli para el 30 aniversario de EL MUNDO, en 2019.

‘Detendrán mi río’, de Virginia Mendoza

Ahora que el Ebro ha saltado al primer plano por las crecidas en su curso medio (repito para perforantes que insisten con la aberración del trasvase derogado: en su curso medio, no en la desembocadura) recomiendo este estupendo y emotivo libro de Virginia Mendoza: Detendrán mi río (Libros del KO).

Virginia es una manchega que vive en Zaragoza y que se ha pateado los pueblos del Cáucaso como especialista de antropología social. Forma parte de la generación literaria que ha puesto el foco en el declive demográfico y cultural del medio rural en España. El libro que traigo aquí es una crónica de la desaparición de la huerta de Cauvaca por la construcción de varios embalses en la zona de Caspe, Zaragoza. Pero, en realidad, es mucho más que eso. Las vivencias personales recopiladas en este lugar sirven de hilo conductor para trazar una crónica del desgarro producido en cientos de comarcas españolas como consecuencia de una planificación hidrológica que priorizaba atender la demanda de las grandes ciudades en materia de energía hidroeléctrica frente a la conservación de pueblos, paisajes, costumbres y, en definitiva, de todos aquellos aspectos etnográficos que dan sentido a la cultura rural. Su idea era hacer una segunda parte de Quién te cerrará los ojos (un libro deslumbrante), pero orientada a los pueblos sumergidos de España. Lo que le convenció para centrarse en Caspe fue el testimonio de Mercedes Sanz. A través del mismo hilvana todas las historias que relata en este volumen, amplificadas en el mapa-reportaje elaborado por la propia autora y disponible a través de un código QR. Detendrán mi río es un proyecto vivo que tiene continuidad en la página web detendranmirio.com

España es el país de la UE con más grandes presas y el quinto del mundo. Alrededor de 500 pueblos e incontables núcleos habitados –como la huerta que protagoniza el libro- fueron engullidos por el agua. Son cifras que aporta la autora aunque no existe una estadística oficial porque al Estado nunca le ha interesado llevar la cuenta. Pedro Arrojo, veterano del conservacionismo, ha calificado esta salvaje política de “hidrocausto silencioso”. Comenzó ejecutándose en aras del regeneracionismo y la necesidad de reformar las infraestructuras agrarias de abastecimiento y terminó siendo explotada como un fin lucrativo de banqueros como March y buena parte de la oligarquía franquista. Oligarquía, por cierto, cuyos descendientes se sientan hoy en los consejos de administración de los gigantes eléctricos que han convertido el precio de la luz en un privilegio de clase. Pero esa es otra historia.

En este caso, es interesante subrayar el impacto que tuvo todo esto a la hora de acelerar el abandono de las áreas rurales. “Nadie quiere llamar ruina a la que fue su casa. Nadie ve escombros, barro, decrepitud en los lugares en los que creció”, escribe Virginia sobre los supervivientes que tuvieron que cargar con la losa de ver su patria chica laminada. Lo dice para reflejar la importancia del agua en la vertebración de la cultura aragonesa, pero puede extrapolarse al conjunto de las dos mesetas y buena parte de la cornisa cantábrica. La vorágine hidráulica llevó a levantar proyectos faraónicos. Toneladas de hormigón taparon expropiaciones forzosas, a veces violentas, y el ocaso de caseríos enteros, de valles y de modos de vida. Este libro constituye un estallido de memoria a partir del desarraigo provocado por las pérdidas sufridas por tantos vecinos de pueblos que ya han desaparecido de la geografía, pero también por la llegada de pantaneros, esto es, los trabajadores que se desplazaban hasta estos lugares –Caspe, Mequinenza, Flix, etc.- para ser empleados en la construcción de grandes embalses. Son lo que la autora llama con toda razón los “hijos de la ENHER”, la Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana, con sede en Barcelona. Porque el devoro del campo tuvo responsables y también beneficiarios, y conviene señalarlos con nombres y apellidos.

Abusar del victimismo puede conducir a la melancolía, pero negar que subyacen causas políticas en la despoblación que exceden a la pura tendencia de los movimientos migratorios supone un acto de ignorancia imperdonable por parte de determinados autores que se empeñan en considerar el éxodo rural un hecho inexorable. La investigación de Virginia demuestra qué pasó en realidad: pueblos anegados, huertas arrasadas, cultivos destrozados, familias desplazadas y expulsadas de sus lugares de residencia. El franquismo hizo desaparecer un mundo para hacer emerger otro diferente. Entre las causas figura una política del hormigón que aún hoy algunos se empeñan en reivindicar, y me remito de nuevo a quienes aprovechan las riadas en Navarra, La Rioja y Aragón en pleno 2021 y con la crisis climática desbocada para resucitar la quimera del trasvase del Ebro, que Dios lo tenga en su gloria.

Hay en Detendrán mi río un esfuerzo notable por cultivar el periodismo narrativo y también por recoger el léxico del terruño: almud, pontón, cierzo, pernera, zoqueta, tinaja, medieros, esguaz, espuertas, matancía, tajuela, llosa, sosa, desgallarofando, filandón, fiadeiro, trasnocho, carburero, latencia, dalle, bacía, cedazo, picarazas, picapuercos, feraz, zahorí, ataguías, barreno, meandro, galacho. Los libros de Virginia Mendoza dan fe de la pérdida irreparable que acarrea la extinción de la cultura rural.

La vuelta del Emérito

El fiscal suizo no ha podido demostrar el origen ilícito de los 65 millones que Juan Carlos I le transfirió a su amante. Sin embargo, ha quedado probado que testaferros cobraron este dinero -presuntamente, procedente de comisiones ilegales por la obra del AVE a La Meca-, que el Rey Emérito ha manejado mucho dinero oculto en paraísos fiscales, que usó medios del Estado con fines particulares, que defraudó reiteradamente a la Hacienda pública española -tal como prueban sus regularizaciones fiscales-, que se dedicaba a una vida a todo trapo mientras aparentaba dedicación exclusiva en la Jefatura del Estado, que el CNI (o sea, el Estado) trabajó para callar a Corinna Larsen, que fue perceptor de cohechos sin la transparencia debida en una democracia y que los sucesivos presidentes del Gobierno -excepto Sánchez- miraron para otro lado pese a ser conocedores de las irregularidades de una persona que aún conserva el tratamiento de Rey.

No hay institución que resista la corrupción y los excesos de Juan Carlos I. Si tuvieran la ocurrencia de aceptar su vuelta a España, el principal perjudicado sería Felipe VI. Tendría que ocuparse del estatus y del papel de su padre, y debería soportar las consecuencias de sus actos, que hace mucho tiempo que dejaron de ser ejemplares si es que alguna vez lo fueron. No acabo de entender el empeño de tantos monárquicos en el regreso del Emérito. Es lo peor que podría pasarle a la institución.

Esta columna de Garea me parece de lo mejor que he leído sobre el asunto.

‘Diarios’ de Chirbes

Los críticos de Babelia eligieron los Diarios de Chirbes el libro del año y me parece una decisión acertadísima. Es un ejercicio descarnado de sinceridad, honestidad e introspección. Hay pasajes que abruman sobre su vida, su sexualidad, su proceso de creación en la escritura, su vínculo con la restauración -fue crítico gastronómico durante muchos años-, su relación con la ciudad y el paisaje rural, sus opiniones sobre la política y el periodismo, sus crisis de salud mental, y su análisis demoledor sobre el albañal de la corrupción en València.

Estas páginas recogen el pensamiento de Chirbes, un pedazo de novelista que no necesitó ni del almíbar del poder, ni de las redes sociales, ni de la fatuidad corporativista de su gremio para llegar a los lectores. Yo creo que Chirbes es el autor más original, lúcido y contundente de su generación. Estos diarios a veces te dejan sin aliento, en otras te despiertan una sonrisa, y en todo caso subyugan por su belleza literaria. Y la belleza, decía Heidegger, es un aspecto de la verdad.

La doblez del PP de Castilla-La Mancha con el trasvase del Tajo

No han pasado ni tres días desde que Francisco Núñez asegurara en el Congreso del PP de Castilla-La Mancha que antepondría la defensa de los intereses de la región a los de su propio partido, y el Grupo Popular en el Congreso ha elevado una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado para tumbar el cambio de la normativa de explotación del trasvase Tajo-Segura. Esta modificación permitió reducir el máximo trasvasable en nivel 2 desde los 38 hectómetros cúbicos a sólo 27. La mayoría parlamentaria ha rechazado la enmienda, afortunadamente para el Tajo y los municipios ribereños. Pero es importante subrayar la diferencia: mientras los parlamentarios castellanomanchegos del PSOE rechazan la explotación del trasvase aunque sea su partido el que está en el Gobierno de la nación, los diputados del PP agachan la cabeza ante su dirección nacional, cuyas directrices pasan por blindar el apoyo del sector agroindustrial de Levante en un momento en el que Vox anda pescando cada vez más en esos caladeros. Es cínico pedir el cierre de la tubería en Toledo y luego promover en Madrid enmiendas para perpetuar esta infraestructura. Es cínico exigir a Page que se «rebele» ante Sánchez y luego reivindicar -¡a estas alturas!- el funesto Memorándum con el que Cospedal sacrificó el futuro del Tajo y de Castilla-La Mancha. El problema no es que Núñez sea una calamidad, que lo es. El problema es la doblez, la hipocresía y la traición constantes del PP de CLM a la hora de defender el Tajo.

Miguel Bosé y el periodismo

Tal vez porque cada vez me siento más lejos de mi profesión no acabo de entender el interés por personajes a los que el epíteto relevante les empieza a quedar lejos. Miguel Bosé anda estos días de promoción de su libro de memorias. Está siendo entrevistado por muchos medios de comunicación, en distintos soportes. El País publicó ayer domingo una conversación con él en su contra y la periodista que firma el texto admitió en Twitter que no se sentía «orgullosa» del resultado. Es normal. La entrevista era un bodrio y un ejercicio de fatuidad de quien ahora explota sus recuerdos de infancia y de adolescencia porque ya no tiene fuerza, ni talento, para prolongar su carrera musical. La valoración es extrapolable a la mayoría de entrevistas, por llamarlas de alguna manera, que ha concedido este señor. No es éste, por tanto, un comentario ni sobre El País ni sobre la compañera en cuestión, sino una reflexión acerca de Bosé y la repercusión, para mí asombrosa, que aún genera su figura.

Se me ocurren varias preguntas. ¿Por qué se publica una entrevista si, una vez realizada, comprobamos que no es para sentirse orgulloso? ¿Por qué cada vez hay menos filtros internos no solo de verificación -evitaríamos difundir bulos, noticias falsas y errores de bulto- sino de control de calidad editorial? ¿Por qué hay que seguir a pies juntillas la agenda de la industria política, económica o cultural? ¿A partir de qué grado de penetración social un personaje público deja de merecer un hueco en los medios llamados serios si no dice nada verdaderamente interesante o de valor añadido?

Entiendo que no estamos para estas preguntas y que lo importante, como siempre, es rellenar el puto folio y cobrar a fin de mes. Pero quizá en algún momento deberíamos pensar sobre estos particulares.

Los periodistas tenemos un deber profesional primario y una responsabilidad social intrínseca. El primero exige publicar solo aquello que es relevante. La segunda pasa por no dar pábulo a personajes que, objetivamente, contribuyen a la desinformación y, como es el caso, atentan contra la salud pública.

Si se hace una entrevista a Bosé para hablar de su libro, es para hacerlo de verdad. Si se le hace para combatir sus disparatadas teorías negacionistas, hay que ponerle ante el espejo de sus miserias. Y si lo único relevante aquí es el libro, por lo que cuenta o por cómo lo cuenta, entonces al menos el periodista podría tener el detalle de leerlo y destriparlo para contárselo a los oyentes, lectores o televidentes. Eso sí, ahorrándonos la fatigosa tarea de leer/escuchar/ver las estupideces de un vanidoso sin escrúpulos.

García Márquez, en un discurso titulado Periodismo: el mejor oficio del mundo, afirmó que «la entrevista de prensa fue siempre un diálogo del periodista con alguien que tenía algo que decir y pensar sobre un hecho» (Los Ángeles, 1996). Al parecer, ya no. Ahora lo que cuenta es ganar seguidores en las redes.

Elena Santonja

Puede ser una imagen de una persona
Conocí a Elena Santonja en 2004 en la casa que ella y su marido, Jaime de Armiñán, tenían en la calle Hermosilla de Madrid. Me envió Manu Leguineche a hacerle una entrevista para una revista que se llamaba Siglo XXI, que duró apenas unos cuantos números pero que para mí fue como un máster de periodismo. Elena Santonja no solo era la hermana de Carmen Santonja, cantante y compositora del dúo Vainica Doble. Era una presentadora de televisión que se hizo muy popular gracias a su programa de TVE Con las manos en la masa, un espacio pionero del boom actual de la gastronomía en televisión. También cultivaba la pintura y ejerció de actriz. Apareció, por ejemplo, en El verdugo, de Berlanga; y en Total, de Cuerda. Tenía una segunda residencia en Almiruete, en la Sierra del Ocejón de Guadalajara, y ese fue el gancho de la conversación. Fue extraordinariamente amable y divertida conmigo. Recuerdo la charla con mucho cariño. El trasto de Facebook me recuerda que han pasado justo cinco años desde su fallecimiento. Tuve la oportunidad de darle media página para su obituario en El Mundo y contar su vida, que era muy interesante. Han cambiado muchas cosas en este lustro. Una de ellas, por ejemplo, que el periódico ha decidido suprimir las necrológicas como sección fija. En fin, merece la pena recordar la figura de Elena Santonja.

León, bimilenaria. Un libro monumental de la editorial Rimpego sobre una ciudad deslumbrante

A quien le guste León, y no creo que haya nadie con juicio que no quede deslumbrado al recorrer sus calles, debe leer el libro que acaba de escribir y editar Joaquín Alegre, a su vez editor de la leonesa Rimpego. Es una obra monumental de más de 450 páginas, con una galería impresionante de mapas y fotografías, que indaga en la bimilenaria ciudad de León, desde su fundación, como campamento de una legión romana, hasta hoy, premio de arquitectura contemporánea de la UE. El repaso a su patrimonio monumental impresiona: la muralla bajoimperial, la “capilla Sixtina del románico”, una de las catedrales góticas más importantes del mundo, la obra maestra del plateresco español, una plaza Mayor barroca, uno de los edificios con mayor huella de Gaudí… Hay que agradecerle a Joaquín este enorme esfuerzo intelectual y editorial volcado hacia una ciudad en la que, como escribe Gamoneda, «el aire peligra de belleza».