Entrevistas

5 octubre 2007

JUAN ANTONIO MARTÍNEZ GÓMEZ-GORDO, CRONISTA DE SIGÜENZA

«Que se busque el agua donde sea, pero que pongan el campo de golf»

"Lo más importante que hice como alcalde de Sigüenza fue traer el agua al pueblo. Nos empeñamos para 25 años, pero hicimos la obra que se necesitaba" "No es verdad el tópico de que Sigüenza es de derechas. Hay que tener en cuenta que hay de todos los signos y el franquismo se olvidó rápidamente" "Creo que es bueno sacar la industria fuera de Sigüenza, sacar todos los géneros molestos del casco. La ciudad necesita una ronda de circunvalación"
Un día le llamaron “sabio” en una revista y se disgustó. Prefiere ser calificado médico humanista. “El sabio es un tonto que se dedica a saber una sola cosa y de la vida no sabe nada y el médico humanista sabe de sociología, gastronomía, historia…”, sentencia. Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo (Madrid, 1924) es un pulmón de la historia de Sigüenza. En su casa, muy cerca del parque de la Alameda, tiene guardados miles de papeles, libros, recortes de periódicos, fascículos y decenas de cuadros. Médico de profesión ya jubilado, fue el primer alcalde de la democracia en Sigüenza, desde 1979 hasta 1983. Ha escrito decenas de libros y cientos de artículos, con especial atención a la cocina de la tierra y a sus recetas tradicionales. Es el fundador y director de la revista “Anales Seguntinos” y cronista oficial de la ciudad del Doncel. En 2002 fue proclamado “Hijo Adoptivo de la Ciudad de Sigüenza”. Escribe poesías, sobre todo sonetos, y pinta paisajes. También fue discípulo durante once años, desde 1945, de Gregorio Marañón en su consulta de Madrid. Cobraba 7.000 pesetas de entonces. “Con eso pude pagarme la carrera”, revela. Ahora impulsa la Fundación que lleva su apellido, en cuya sede de la plaza Mayor los investigadores podrán bucear en su archivo y biblioteca.
Nueva Alcarria, 30.09.07
Raúl Conde

¿Cómo era Gregorio Marañón?
A los pacientes siempre les empezaba preguntando y hablando como si no estuviera en una consulta: “¿qué te pasa? ¿a ver, de qué pueblos eres?…” y cosas así. Se pasó la vida entera pasando consulta en todos los pueblos de España. En aquella época Marañón cobraba en la consulta 3.000 pesetas pero si había desplazamiento se podía ir a las 10.000 pesetas, hace cincuenta años. Pero claro, era Marañón. Muchos se morían a gusto porque les había visto Marañón.

¿Qué aprendió de Marañón?
Éramos tres Martínez en la consulta de la clínica. Uno lo tenía a su derecha y otro, Martínez-Fornés, a su izquierda, un compañero entrañable, nos hemos llevado como hermanos siempre. Y yo estaba en la sala de enfermos. Yo era el médico práctico y él el médico teórico. Marañón era cordial, accesible. A las 8 en punto que entraba yo estaba allí y a las 3 estaba allí también para despedirle. Él me daba 7.000 pesetas como ayudante de cátedra, que obligaba estar al tanto de la gente, saber quien iba o quien no con objeto de luego darle la matricula.

Usted es médico de profesión. ¿Qué tipo de intervención necesita Sigüenza?
Es difícil saberlo. Una cosa es la asistencia médica y la asistencia a la seguridad social. La asistencia médica es la gratuita, enfermos que no pagan y se le atienden mejor que al que paga. Y la otra es la del que exige. El médico más anciano de Sigüenza, cuando yo vine, se topó con el clásico paleto, que fue a las dos de la mañana a darle un aviso. El paleto le dijo que, pensándolo bien, el médico era su criado. Total, que el médico lo cogió del pescuezo, lo mete en la alcoba donde estaba con su mujer, abre el espejo y le dice: ¿quién tiene cara de criado aquí? Salió corriendo el paleto y al día siguiente fue a ver al enfermo. El médico en la seguridad social pasa a ser servidor. No es tu médico afectivo, sino el criado.

¿Qué recuerdos tiene de Sigüenza cuando fue alcalde?
Antes de ser alcalde fui concejal, pero en aquella época no se hacía nada. Todo lo hacían el alcalde y el secretario. Luego, como alcalde, sí. Cuando te presentas de alcalde, tienes varias ideas, quieres hacer cosas. Quizá lo más importante es que traje el agua a Sigüenza, aunque costó más de veinte millones. Me hubiese dado igual si hubiera costado cincuenta millones. Nos empeñamos para 25 años y lo pagamos antes de los 18, no recuerdo con exactitud. El agua de Horna vino a Sigüenza gracias a que se hizo un proyecto que era muy caro, pero que era necesario para Sigüenza. En verano siempre se pasaba penuria de aguas y la ciudad necesitaba mucha más agua. Yo era de UCD y sigo siendo de UCD, vamos, sigo siendo de centro. El partido ya no existe pero el espíritu de nuestro jefe, Adolfo Suárez, sigue manteniéndose vivo en muchas personas. Me dio muchos disgustos esta posición. Para mí todos los concejales estaban capacitados de asumir la alcaldía. Tuve disgustos cuando declaré en Guadalajara que uno de los concejales, que era comunista, llevaba las cosas de agua. Y el otro comunista, que era García Breva, también era comunista y llevaba la economía del Ayuntamiento. Para mí, desde el punto de vista del centro, tenían cabida todos. La izquierda tenía que estar integrada en el Ayuntamiento, con los mismos derechos que el resto de concejales.

Imagino que en la Sigüenza de hace treinta años fue un “shock”.
Era inconcebible. Tuve hostilidades y hasta agresiones en cierto modo. Por ejemplo, la noche que lo declaré, alguien, algún sinvergüenza y además imbécil, débil mental, puso una serie de cohetes en mi buzón y estalló mi buzón de correos. Se quedaría muy satisfecho el hombre. Aquella noche se meó de gusto en la cama. Son de esos amigos entrañables que tiene uno que luego porque uno es de derechas y otro de centro, pues ya no valía. A mí me daba igual que un concejal fuera comunista, lo que valía era su voluntad de trabajo y servicio a la ciudad. No me importaba que no fuera a misa. Además, con el agravante entonces de que el comunista era de Acción Católica y los de Alianza Popular no iban nunca ni a misa ni a la procesión. Era el hipócrita hipocrático.

¿En lo que más ha cambiado Sigüenza en este tiempo ha sido en la mentalidad?
Hombre, yo creo que en estos tiempos ya no hay esas hostilidad entre los partidos. A nivel local, por lo menos. El día de la muerte de Franco, en la cruz de los caídos, estábamos cantando el “Cara el sol” pero se nos olvidó una estrofa. Había tres o cuatro turistas, gente que no eran de Sigüenza. Y como se empezaron a reír, nosotros nos fuimos todos. Aún en ese momento, yo temía que saliera un guardia civil a detenernos.

¿Es verdad ese tópico que dice que Sigüenza es de derechas?
No, porque hay que tener en cuenta una cosa: Sigüenza es una ciudad de servicios. Habrá comunistas, ácratas, supercatólicos y beatos, pero hay de todo. Que hay muchos de AP, pese a eso, ganó UCD y ahora el PSOE. Que entonces era la época posfranquista que todavía había nostálgicos, pues sí, pero la gente lo olvidó. El franquismo se olvidó rápidamente.

¿Hasta qué punto influye la posición de la Iglesia y del Obispado en las elecciones?
Sigüenza es un obispado y Sigüenza se debe a la Iglesia en todos sus desarrollos turísticos. Los monumentos que se visitan son todos de la Iglesia. No van a ver el Ayuntamiento. Van a ver el convento, la iglesia o la catedral. Su riqueza monumental es eclesiástica, su educación ha sido eclesiástica y no me extraña.

¿Es cierto que el obispo influye en política?
El obispo puede decir hache o be, pero no influye. No decide nada en absoluto. Lo único que se ha permitido en la Iglesia es pedir el voto para el PP. Eso sí se ha hecho en Sigüenza desde un púlpito y eso es pecado mortal. No se debe influir en la gente en misa. Yo he oído a varias personas ancianas, mientras bajaban de una reunión en la catedral, diciendo: bueno, pues ya sabes, si no votamos al PP vamos al infierno… Eso no, pero es una anécdota de pueblo. Yo creo que esto ya no se hace, pero la Iglesia también tiene derecho a opinar, aunque no imponiendo y menos mezclando religión con política.

¿Se ha conservado de forma eficiente el patrimonio histórico de Sigüenza?
Yo creo que sí. Se han hecho algunas monstruosidades por parte de algunos arquitectos. Yo no comparto sus ideas, no me ha gustado criticarles porque tengo una hija arquitecto pero sé que se debe respetar que si hay una puerta, cuyo aspecto es medieval pero de origen árabe, se debe mantener el origen árabe y no poner piedras de perfil de máquinas en una obra porque es camuflar una obra. Me estoy refiriendo a la Puerta del Hierro, que tenía ladrillos árabes enormes y ahora han puesto piedras de perfil hechas a máquinas. Eso es una aberración, una atrocidad. Eso es lo que no se debe hacer. Una vez, un albañil quiso hacerme la torre de la Travesaña, pero no sabía ponerme piedras en espejo, como se hacía en el siglo XI. No se trata de poner sólo piedras, no se puede desvirtuar el origen.

¿Cómo valora la restauración de la catedral?
Se está haciendo ahora el saneamiento de la catedral. Hace siglos que se hizo. La catedral tiene al final un lastrón que rezuma agua. Por ejemplo, el pozo del castillo tiene agua, pero no es agua freática, es lo que rezuma la roca. Esa roca, que viene desde el castillo hasta la catedral, si la ordeñas, sale agua. Es lo que hacían los romanos. Pues en la catedral había humedades porque estaba al final de un lastrón que se ha cortado. Hace siglos se hizo una gran zanja para cortar esa humedad. Pero el agua, que va más por debajo, vuelve a salir. Se ha saneado las humedades. En todo caso, la catedral está en buen estado, aunque ahora tienen que hacer el Museo interior visitable, bien hecho, y eso pues cuesta mucho dinero. Y a ver si de una vez se termina la iglesia de Santiago. Cuando estuvo yo de diputado, desde 1979 hasta 1983, solamente la limpieza y hacer un arco costó 4 millones de pesetas. La piedra de cantería es muy cara.

¿Tiene buena imagen Sigüenza?
Sí, gracias a Dios. Sigüenza es conocida en España, la gente sabe que existe y que es una ciudad digna de ver. Sigüenza tiene monumentos, no todos los pueblos importantes tienen una catedral y un castillo y, en fin, le falta mucho para ser ciudad del mundo de éstas que se pretenden. Se han hecho muchas obras, pero todavía falta la conciencia de todo el pueblo de Sigüenza de que, cuando vaya a revocar una casa, se haga con la dignidad y la indicación estética de una ciudad histórica como Sigüenza. Eso cuesta dinero. Ya hace años, nos dio una lección Albarracín, en Teruel, haciendo cosas que se intentan imitar en Sigüenza pero no se ha conseguido.

¿En qué hay que mejorar para potenciar el turismo?
Siempre he creído que la gastronomía llama mucho. La gastronomía de Sigüenza, cuando se hizo el Parador, se empezó haciendo una cocina francesa. Pero al cocinero, que era amigo mío, le dije que había que hacer platos típicos de la comarca. Si a las migas le tienes que llamar migas del tío Carrasco, pues que se llamen así, y a la sopa de ajo llamarla sopa de ajo seguntina, pero que sea una cosa digna, buena. Y Sigüenza es una ciudad que puede presumir de tener los mejores corderos de España. La oveja palomita, la blanca, de 4 o 5 kilos, es un encanto de comérselo, es una gloria divina. Entonces, yo muchas veces cuando he ido a comer, he visto cordero, pero tenían mucha grasa. Si es lechal, que sea lechal.

¿El nivel de la hostelería seguntina es aceptable?
Sí, se está mejorando. Hoy se come muy bien en muchos sitios, pero he intentado en mi trabajo que haya unos buenos hornos de asar, que haya carne asada de verdad, tierna, y que no se pasen de la raya. Que pongan de esta raza nuestra, la palomita, y que se dejen de cuentos. Que alguien quiere un chuletón de tres dedos y un solomillo, que lo piden mucho los franceses y los catalanes, pues que lo pidan, pero eso no es comida seguntina. Los restaurantes hacen bien en apostar por la gastronomía tradicional. Donde se pongan unas buenas migas, que es un plato de entrante muy bueno, y luego un buen asado de lechal y un buen vino, y se acabó. Y un buen pan. El pan adolece de no mejorar en Sigüenza.

¿Cuáles son los objetivos de la Fundación Martínez Gómez-Gordo?
Los dos pilares son la defensa del patrimonio histórico-artístico de Sigüenza y la defensa de la gastronomía. Las ayudas que hacemos son “Conoce tu ciudad” con los jóvenes para que vean el río Dulce o las cuevas de Olmedilla. Que conozcan la historia de su ciudad. Antes había gente mayor que no sabía ni quien era el Doncel… Yo he conocido a un hombre de 80 años, de Sigüenza de toda la vida, que se estaba muriendo y no había visto la catedral y no sabía quién era el Doncel. Eso es imperdonable.

¿De qué libro de los que ha publicado se siente especialmente satisfecho?
Del primero, que me costó mucho. Me levanté a las cuatro de la mañana durante un año entero. A las seis estaba en la iglesia de la catedral cuando entraba el campanero a tocar a misa de alba. Quería ver hasta la última piedra de la catedral. Luego a las diez tenía la consulta de la seguridad social. Desde las cuatro hasta las diez tenía muchas horas para escribir el libro. Todo el mundo ha escrito libros sobre Sigüenza, todos han escrito guías de turismo, pero ninguno ha escrito la historia de Sigüenza como yo en aquel libro: “Sigüenza, historia, arte y folklore”. Lo publiqué en 1978. Perdí cerca de 300.000 pesetas con la edición del libro y para recuperar ese dinero saqué el capítulo del castillo y lo vendía a los turistas. Ahora tengo la ilusión de que con mi hija, que es profesora de Historia y Arte de la Complutense de Madrid, se edite la segunda edición de este libro, corregida y aumentada.

¿Cómo nacieron las Jornadas de Estudios Seguntinos?
Llevamos 33 años dando las conferencias, pero la asociación tiene cuarenta años. La gracia de estas asociaciones es saber ordeñar el dinero y tener la gracia para intentar sacarlo a las administraciones estatales, que son muy duras de pelar. Las jornadas nacieron después de la Asociación, tuvo un periodo de gestación.

¿Qué obligaciones tiene como cronista oficial de la ciudad?
Me nombraron cronista oficial a consecuencia del libro de 1978. Aquí va mucha documentación de Sigüenza que la gente desconocía. Yo me he tomado ciertas obligaciones como cronista, pero he visto que muchos ediles que ha habido no entienden qué significa el cronista oficial. Yo me he ido, con mi peculio propio, a dar conferencias de las asociaciones culturales de toda España, de los cronistas oficiales y de todas las diputaciones provinciales. Se hizo una difusión para toda España. He ido con todos los cronistas, pero eso cuesta dinero: hay que viajar, alojamiento, etc. Son cosas que no sé si lo comprenden los ediles pero tener un cronista que trabaje o haga algo por la ciudad cuesta dinero, es un lujo. El Ayuntamiento cumple, pero muchas veces cumple que parece que te dan una limosna. Hay bolsas de viajes que cuando vas a hacer un trabajo por la ciudad, lo mínimo es que el Ayuntamiento pague el viaje y la estancia, pero no poner caras como diciendo: ya está pidiendo dinero.

Después de dejar la alcaldía, ¿ha colaborado con el Ayuntamiento?
Sí, por supuesto, tiene uno que estar al tanto de muchas cosas, o aconsejar cosas que sabes que han pasado. Yo que he estado 15 años seguidos viendo ciudades por ahí como cronista, he visto que son personas respetadas, que hacen lo que ellos le aconsejan y que están compenetrados con los alcaldes.

¿Aconseja al actual alcalde o se mantiene al margen?
Siempre que me pide consejo, si. Y ahora, hablando en la Cope ya le doy bastantes consejos. Todas mis charlas en la Cope pienso publicarlos en los “Anales Seguntinos”. Hay cosas curiosas, de cómo se desarrolla la ciudad desde el primer caserón que hubo.

¿La instalación de un polígono industrial es positivo o llega tarde?
Bueno, nunca llega nada tarde, siempre llega, al final, llega. Sí creo que es necesario, sacar la industria de Sigüenza, sacar todos los géneros molestos de la ciudad. El que no pasen por el centro tanto camión llego de cemento o de escombros y que haya una circulación alrededor de Sigüenza de circunvalación me parece correcto. Yo lo hubiese hecho si hubiera sido más años alcalde, porque lo he visto en otras ciudades a raíz de mis viajes. Hasta el pueblo más mínimo tiene carretera de circunvalación.

¿Es partidario del proyecto del campo de golf?
Soy partidario de que vengan millonarios a la ciudad de Sigüenza, no pobres. No estoy hablando de razas, estoy hablando de ricos y pobres. Cuando leí en la prensa que el alcalde decía que no le gustaba una ciudad de ricos al lado de una ciudad pobre, yo pregunto: ¿quién es pobre en Sigüenza hoy en día? Todos los obreros de Sigüenza, hoy, tienen coche, todos van con sus niños al colegio en coche. ¿Quién viene mendigando puerta en puerta? En Sigüenza no hay pobres. A mí me encantaría que hubiera una colonia no de ricos, sino de multimillonarios porque todos los que ha habido en torno a Sigüenza, como don José Celma, han colaborado con sus millones en la actuación de Sigüenza. Del multimillonario sí podemos sacar algo, del pobre poco. Además, ¿por qué me van a molestar unos señores que tienen mucho dinero a disfrutar del entorno de Sigüenza? ¿Qué ponen un campo de golf? Pues que se busquen el agua, me parece encantador. Algunos dicen que se va a agotar el agua, ¿pero quién sabe los hectolitros de agua que hay desde la primera glaciación? ¿De dónde sale el agua de Cutamilla? Creo que el proyecto del campo de golf debe acogerse con otro espíritu. Que se busque el agua donde sea, pero lo primero que han hecho es buscar catas para ver el agua que sacan. Y en cuanto a los ecologistas, difiero de ellos muchas veces. Se oponen a hacer una carretera porque pasan unas tórtolas, pero coño, cuando las tórtolas vean la carretera, se van para otro lado. Ya buscarán otro sitio. A los ecologistas hay que tomarlos con unas pinzas de disección y estudiar sus conocimientos y saber de qué están hablando. La naturaleza es sabia para defenderse.