Entrevistas

8 octubre 2007

JESÚS AYUSO, LIBRERO

“Los libros prohibidos los escondía en las colmenas alcarreñas”

Alcarreño de Moratilla de los Meleros, Ayuso es fundador y propietario de la librería Fuentetaja, en Madrid, que acaba de cumplir cincuenta años
Es un librero de tronío y un infatigable promotor cultural. Jesús Ayuso (Moratilla de los Meleros, 1940) abrió la semana pasada la nueva sede de su histórica librería, Fuentetaja, que lleva casi medio siglo abierta en el corazón de Madrid. El acto contó con la presencia, entre otros, del ministro de Cultura, César Antonio Molina. Durante la dictadura, Fuentetaja fue un reducto de oxígeno en unos tiempos en que el plomo ahogaba a la letra impresa. Ahora es una librería donde uno encuentra joyas antiguas, “best sellers” y libros especializados. O sea, de todo. El nuevo local es un espacio grande y luminoso donde crece lozana la airosa flor de la literatura, que diría Cela. Ayuso no se conforma. Le gustaría crear una librería café en Castilla-La Mancha, “para saborear al autor a través de la cultura viva”, afirma. La puesta de largo de la nueva sede de Fuentetaja, ocurrida el día 24 del mes pasado, se convirtió en todo un acontecimiento literario. La escritora Julia Navarro dijo a Efe que “no me imagino Madrid sin Fuentetaja”, mientras que la periodista Elena Sánchez, mostró su satisfacción por la reapertura de Fuentetaja y señaló que “este local es aún más bonito que el anterior”. Editores independientes como Juan Casamayor, director de la editorial Páginas de Espuma, considera que “esta librería es un pulmón para nosotros” y “un punto de referencia como editor y lector”. También se dieron cita el director general de RTVE, Luis Fernández, el presidente de la Agencia Efe, Álex Grijelmo, el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez Franco, el ex presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid Joaquín Leguina, y los también socialistas Juan Barranco y José Acosta. Durante toda la velada, los asistentes pudieron hojear los libros que, divididos en varias secciones, llenan las nuevas estanterías de Fuentetaja. Y, entre libro y libro, se descubren las fotos de Machado, Unamuno, Azorín o Valle-Inclán, así como manuscritos y corrección de pruebas de escritores actuales como Belén Gopegui. Unos versos de Antonio Gamoneda, del libro 'Esta Luz', y la voz del cantaor flamenco 'El Pele' pusieron el broche de oro a la inauguración de la nueva Fuentetaja.
Nueva Alcarria, 08.10.07
Raúl Conde

¿Es verdad que, durante la dictadura, escondía los libros que traía de Francia en sus colmenas alcarreñas?
Sí, es cierto. Cuando había una presión manifiesta, sobre todo por parte del Ministerio de la Gobernación, yo tenía dentro de ese propio ministerio espías que me anunciaban las grandes redadas. Creían ellos que se habían traído libros revolucionarios que de alguna manera podían afectar a la seguridad del régimen. La represión era dura, tan dura que un día me quitaron el libro “La República” de Platón creyendo que se iba a reproducir ese fenómeno en el año 60. Yo tenía en ese momento una solidaridad intensa y un día se me presentaron en la librería y me avisaron que al día siguiente iba a ver una gran redada. Tuvimos que sacar todos los libros. Y el mejor almacén clandestino eran las colmenas. Llevé casi un centenar de libros y cuando pasó el miedo los saqué. La imaginación en estados de tensión es muy importante, se agudiza mucho.

¿Qué significó Fuentetaja en la lucha contra el franquismo?
Yo creo que la historia está bien clara. Ha estado siempre en primera línea del pensamiento vamos a llamarlo progresista en el sentido de la libertad. Creo que ha sido indeleble e inequívocamente, sin estar afiliado a ningún partido, siempre estuvo al frente de ese concepto de libertad. Aportó con mucho riesgo el necesario ímpetu y el sustrato para el mundo universitario y obrero para que tuviera los conocimientos imprescindibles para progresar, como por ejemplo, explicar qué sucedía fuera de España.

¿Hay que ser un valiente para ganarse la vida vendiendo libros?
Mira, cuando eres joven eres valiente. Cuando yo tenía diecinueve años ya vendía libros en la universidad, así que ya tenía un entrenamiento, pero el riesgo nunca se pierde. Ese pálpito que te da el corazón, y pensé por qué no íbamos a hacer algo para comprometer nuestro proyecto.

¿Cómo creó Fuentetaja?
Sea con otro pensamiento muy diferente al que ahora tenemos. No haces esa cuenta de empresa, porque el empresario o vendedor era uno solo. No había empleados ni nadie. Pensabas en la librería como una forma de vida. Los precios eran diferentes, todo era distinto. Hoy no se puede valorar la librería como si fuera simplemente un negocio. Si quieres llamarlo intuición, llámalo intuición, pero no hubo una racionalización empresarial. Y había riesgo, porque muchos de los libros que traía del extranjero había que pagarlos por adelantado.

¿Por qué eligió este nombre?
Es un topónimo de la provincia de Segovia, unos conocidos de entonces me lo propusieron. Surgió y punto, no tiene mayor historia. De todas maneras, durante el régimen la empresa me la hicieron cambiar de nombre varias veces, Ayuso, Jesús Ayuso, Fuentetaja… Había librerías que se contagiaron de nuestro ejercicio de libertad.

La librería lleva abierta casi cincuenta años. En todo este tiempo, ¿cuál ha sido el mayor obstáculo que ha tenido que salvar?
¡Ha habido tantos! No te lo puedes imaginar. El libro tiene una difícil realización económica. Pero hay otras razones, claro, porque emocionalmente me favorece para el desarrollo mental. El libro necesita de otras actividades para sobrevivir. En este momento, yo no vivo del libro, sino de otras cosas que tengo de alternativa. Lo cual me ha ayudado para la librería y la creación de otros productos y proyectos dinámicos que puedan ser útiles sobre todo para los jóvenes. Una de las cosas que pretendemos es que los jóvenes pueda tener un espacio útil, por ejemplo, en la antigua librería que teníamos en la calle San Bernardo.

O sea, que se ha valido de otros trabajos para potenciar la librería.
Procuramos tener otras cosas, sí. Entendemos que de esto no se puede vivir, ya me da satisfacciones suficientes si puedo pagar a los empleados que tengo, que son la base de la librería.

El director general del Libro, Rogelio Blanco, le ha calificado un librero “comprometido y ejemplar”. ¿Se siente identificado?
La gente conoce mi trayectoria y cualquiera puede juzgar al respecto. La historia dice lo que es, ahora como persona, creo que siempre te quedas muy por debajo de lo que a lo mejor se podía haber hecho.

¿Debe sentir una emoción especial ser librero en estos tiempos de tanta tecnología?
Produce mucha satisfacción sobrevivir en ese terreno. No cabe duda que sería más rentable dejar este local donde está la nueva librería para la alimentación que para vender libro. A años luz de diferencia. El libro es como una masa muerta que tienes ahí. Pero como esa masa muerta necesitamos todos de ella para darnos vida intelectual, emocional, emotiva, que se hace incluso necesaria cada día. Ahora tenemos las nuevas tecnologías, pero realmente son instrumentos casi prescindibles. La máquina de escribir está fuera de lugar en sustitución del ordenador y, sin embargo, el libro todavía sigue. Algo tendrá el libro. Creo que era Terencio el que contaba, cuando hablaba de Sócrates, que en la casa de un poeta ateniense había un cartel que decía: “prohibida la entrada a toda persona mala”. Y Sócrates decía: ¿dónde estará el dueño? El libro tiene que estar abierto a todos porque todos somos dueños del libro y lo necesitamos. Necesitamos del libro, de la comunicación, del encuentro con los maestros, los profesores, los que nos educan.

¿Los lectores valoran la experiencia y el trato de los libreros o prefieren las grandes superficies?
El perfil clásico del lector que viene aquí y pregunta, y se deja asesora, sigue existiendo. Las grandes superficies propician mayor venta a los libros. Aquí tenemos los libros que más se venden, pero tenemos también esas secciones de Filosofía, de Matemáticas, de Ecología, que es una especialización, que es inherente a la librería y al librero. No somos reponedor de las cosas, sino que intelectualmente elegimos y conocemos los títulos y los autores. Por lo menos, que no esté viciado por la ignorancia y podamos asesora a todo el que pregunte. Y si alguien te pregunta por un autor, no le contestes eso que a veces dicen por La Alcarria: “¿mande?”.

¿Se leía más hace cincuenta años que ahora?
No creo que se leyera más porque ahora hay más letrados en general. La lectura ahora tiene muchísima mayor oferta que ahora. Antes estaba más concentrada. Ahora se editan al libro 77.000 libros en España. En aquel entonces apenas 10.000. Aunque no es lo mismo lo que se vende que lo que se edita. En España se publica demasiado. Hay muchas personas que se creen autores.

¿Qué hay que hacer para arraigar el hábito de la lectura entre los niños?
La educación es lo fundamental. Desde que el niño entra en la guardería, hay que darle una orientación hacia los libros. Pero si no le educas, nunca tendrá fantasía.

En su librería, el ministro de Cultura definió al libro como “el invento más imaginativo de los hombres”.
No cabe duda. Primero, ha sido base para ser utilizado de mil y una formas. El papel ha sostenido la imaginación del hombre y además nos la ha transmitido a nosotros.

La inauguración del nuevo local de Fuentetaja fue el pasado 24 de septiembre. ¿Cómo se fraguó este proyecto?
Es la continuación del proyecto desde su nacimiento. Es un espacio mucho más generoso, el otro era más sombrío. Aquí ha entrado la luminosidad, un poco lo que es el libro. El siglo de las luces francés no era más que eso. Llegaron los grandes autores y pusieron luz a un medievo triste.

¿Por qué eligió unos versos de Antonio Gamoneda para cerrar el acto de la puesta en marcha de la nueva sede?
Gamoneda es un autor que me gusta mucho. Me recordó una de mis primeras lecturas, que fue Fernando Pessoa y esa sensibilidad que me produjo aquel autor portugués hizo que más o menos toda su vida, que era triste, contagió su literatura. Cuando veo a Gamoneda, me recordó aquello. Siempre somos niños y ese gran corazón que tenemos que se llama sensibilidad. Además, es de los mejores autores vivos de este país.

¿Prefiere la poesía al resto de géneros?
La poesía es lo que uno bebe a sorbos. La otra literatura es de largo recorrido. Me gusta mucho el ensayo, la novela y los temas de naturaleza porque en La Alcarria me dedico a plantar árboles.

¿Qué vinculación conserva con Guadalajara?
Yo nací en Moratilla de los Meleros porque mi padre trabajaba allí. Él me enseñó tres cosas que debo agradecer siempre: el amor a los libros, el amor a los campos y el amor a las ciencias aplicadas. Hizo un salto de agua en 1908. Era un adelantado. También aprendí el respeto a los demás. Sigo yendo todos los fines de semana y tengo colmenas. Soy aficionado pero me gusta conservarlas. Incluso he hecho una dedicatoria de la librería para el fin de año mencionando a la Alcarria. ¿Por qué? Porque quiero siempre que un producto de La Alcarria esté presidiendo un obsequio. El año pasado dimos miel. El año que viene ya buscaremos algo para que La Alcarria esté aquí.

Clara Sánchez es, probablemente, la escritora nacida en Guadalajara más importante del momento, pero ha sido fuente de inspiración de muchísimos literatos como Camilo José Cela o Manuel Leguineche. ¿Guadalajara es una tierra fértil para las letras?
Culturalmente, es fértil en este sentido. Los hay de Guadalajara y los hay paseantes de la Alcarria. Paseante fue el amigo Cela, Manu Leguineche que es residente y Clara Sánchez lo es de hecho. Pero desgraciadamente, todos los autores están diluidos porque vivir de la pluma es muy difícil. Tienes que tener un determinado prestigio y tener una pluma multiusos, tocar la novela, el artículo…

¿Qué trato tuvo con Buero Vallejo?
En aquella época, cuando están las cosas restringidas, la carencia que había en el mercado hace que hubiera un cordón umbilical con estas personas. A Buero le quitas la erre se queda en bueno. Era buen escritor y buena persona.

¿Con qué autores se queda?
Es difícil elegir, la verdad es que tras tantos años de experiencia que casi se me hace imposible. Hay autores próximos que son amigos y otros que a uno le gustan, aunque no tenga relación personal. ¿Me quedo con Paul Auster o con Luis Mateo Díez? Es que me quedo con todos porque cada uno siempre te da algo. El hombre que no tiene la suerte de tener un espacio tan repleto de libros, tiene que hacer una selección mayor. Pero yo tengo a todos aquí.

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El ministro de Cultura, en la nueva sede de Fuentetaja

La emblemática librería madrileña Fuentetaja reabrió sus puertas el pasado 24 de septiembre en su nuevo local, en la calle San Bernardo, 35, en Madrid, que ha sido inaugurado por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, en un acto en homenaje a los libros, que definió como “el invento más imaginativo de los hombres”. Jesús Ayuso, presidente de Fuentetaja, agradeció la presencia de las numerosas personas que, tanto dentro como fuera de la librería, se habían dado cita, “reunidos en asamblea para saludar al libro”.

La prestigiosa librería madrileña, con cincuenta años de historia, “seguirá con su servicio a la letra impresa”, añadió Ayuso, quien mostró su satisfacción por cómo había quedado el nuevo local, que cuenta con dos plantas de 500 metros cuadrados cada una.El periodista y escritor Juan Cruz, que fue el encargado de presentar al ministro, definió a Fuentetaja como un ‘símbolo de supervivencia de la voluntad cultural’.

Reconocimiento a los libros

César Antonio Molina quiso hacer “un reconocimiento oficial a los libreros” que contribuyeron con su trabajo a “lo que somos como país democrático” como, por ejemplo, Jesús Ayuso, quien fue ovacionado con los aplausos de todos los presentes. El ministro, para quien “las librerías son espacios comerciales, pero también culturales y de encuentro”, afirmó que el ecosistema formado por autor, distribuidor y lector conforman la industria cultural más importante del país. El ministro declaró que en España se producen 1 millón de libros al día que necesitan quien los distribuya y los venda. Y ello se realiza a través de 40.000 puntos de venta de libros, de los que los más representativos son las 4.300 librerías que existen.

Molina se refirió también a la recientemente aprobada Ley del Libro, y dijo que desde el Ministerio de Cultura seguirán las ayudas al libro, defendiendo el precio fijo, así como el papel de la CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros), y la adaptación de las librerías a las nuevas tecnologías

Por su parte, Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, además de ensalzar la figura de Ayuso, ‘un librero comprometido y ejemplar’, reveló a Efe la anécdota de que el presidente de Fuentetaja traía libros desde Francia en la época franquista, y los escondía en las colmenas alcarreñas de su tierra natal hasta que los pasaba a los clientes.