MÁS QUIJOTE

Henares al Día, Enero 2006
Raúl Conde

La pregunta se repite desde hace ya varios años: ¿Guadalajara pierde el tiempo yendo a FITUR? Modestamente, creo que no. Desde que se sumaron a este carro de la propaganda, al más alto nivel, las instituciones públicas de la provincia y de la región se han dejado un dineral en el empeño. Pero los resultados están a la vista de cualquiera: más turistas y mayor divulgación de todo lo que representa Guadalajara, especialmente en los ámbitos de patrimonio y riqueza natural, que son las bases del turismo ofertado. Esto quiere decir que, sin perder la cabeza, a Guadalajara no le conviene escatimar esfuerzos en FITUR. En cambio, quizá sí debería mejorar su coordinación y el empaque que merecen ciertas iniciativas que allí se convocan y que se han convertido en fijas. El acto de entrega de los premios “Alcarria” debería hacerse en el escenario principal del stand de la Junta, no en un rincón del mismo. Quizá habría que multiplicar las actuaciones de folklore y las degustaciones gastronómicas, que son dos cosas a menudo tomadas a broma pero que atraen a los visitantes de una feria enorme como la citada. Y quizá la Diputación, o quien se ocupe del asunto, podría unificar los criterios para la publicación de folletos y guías turísticas, con tal de que el feriante no se encontrase un auténtico océano de folletitos de cada pueblo, sino con una información ajustada, no espesa, y ordenada por comarcas, por zonas o por rutas turísticas previamente diseñadas.

Dicho lo cual, y a pesar de que Guadalajara poco o nada tiene que ver con la figura del famoso hidalgo, el acontecimiento del año ha sido el centenario del Quijote. A nosotros los alcarreños, en un principio, no nos iba a tocar nada de este manantial de publicidad, pero la Junta tuvo la gentileza de inventarse una ruta quijotesca por el norte de la provincia, y de esta forma, Guadalajara se ha situado al nivel de Ciudad Real o Toledo, al menos, en las cuñas de la radio o la televisión. Más aún: conciertos de estrellas, exposiciones de primer nivel y actos múltiples y variados hasta el punto de decir basta. Yo creo que la gente ha quedado un poco harta con tanto Quijote, pero desde un punto de vista netamente comercial, el año ha merecido la pena. Como dijo Ortega y Gasset en su tiempo: “al menos, no discutamos los datos”. Supongo que estos días se hará balance de la situación y el aparato propagandístico del Gobierno regional hará públicas las estadísticas de aumento previsible de los visitantes y demás bondades producto de la inversión en esta materia. No es extraño: se ha movilizado a toda la sociedad castellano-manchega y se ha involucrado a parte de la sociedad española que trabaja en temas de cultura y turismo, por ejemplo, las agencias de viajes, los medios de comunicación o las principales editoriales del país. La capacidad de aglutinar esfuerzos puede decirse que ha sido notable. Quizá han sobrado, eso sí, menos fuegos de artificio, y ocuparse más de unificar la oferta de turismo rural que en estos momentos Castilla-La Mancha dispone en el mercado.

En todo caso, la experiencia del Quijote es positiva. Muy positiva. Pero no debe quedarse ahí. La sociedad pública creada al efecto, dirigida por la consejera Araújo, tiene la obligación de seguir alimentando el mito del caballero de la triste figura. Porque es un valor, como dicen los cursis, universal, y sobre todo porque tiene un tirón inmenso de cara a potenciar en profundidad el llamado turismo de interior. En las cinco provincias de la región: da igual si son quijotescas o no, da igual si por allí pasó Sancho Panza con su burro o si nunca estuvo Dulcinea. La comunidad autónoma está así legalmente constituida y me parecería un error que Guadalajara no se sumase al carro, como pretenden algunos según leo y oigo muchas veces comentarios sobre la ruta del Quijote. Lo que sí que creo que es una obligación por parte de nuestra provincia, de los políticos y de los promotores turísticos, es no desvirtuar la oferta singular de Guadalajara en el magma quijotesco. Aquí no se come morteruelo, ni las casas son blancas ni los pueblos grandes y extensos como en La Mancha. Aquí se come cabrito al horno de leña, las casas (algunas) están hechas con lajas de pizarra negra y los pueblos (la mayoría) son pequeños y de escasa entidad. Cabe, pues, potenciar la oferta unificando criterios y mejorando la cualificación de los profesionales. Así que Quijote sí, pero sin perder un ápice de personalidad.