OPINIÓN

SEXOS

"Aunque es cierto que algunos golpes provocan la sonrisa y hasta la complicidad del espectador, lo cierto es que el aburrimiento sobrevuela casi toda la función. Una pena teniendo en cuenta el elenco de actores que la rodea".
Henares al día, Febrero 2010
Raúl Conde

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Con tanta buena literatura y tantas dosis de lirismo que ha provocado el sexo en la historia de las letras produce un poco de sonrojo, por no decir urticaria, contemplar el espectáculo titulado precisamente Sexos y que, con gran éxito de público, se representa en el teatro La Latina de Madrid. Ahí están los relatos obscenos de la literatura clásica, griega o latina. Homero, Platón, Sócrates o Aristóteles tienen muchos escritos donde tratan de explicar la sexualidad y sus intríngulis. Ahí está la realidad descarnada en obras como Bodas de sangre, de Lorca, o en otros relatos más recientes de Vargas Llosa. Ahí están, desde luego, los poemas excelentes y desacomplejados de Luis Cernuda. Sin embargo, el montaje que se está viendo de La Latina es otra cosa. Pertenece a otro género. Acaso también a otra mentalidad. Porque aquí el sexo no es algo que se explique, ni que se analice, ni que se describa. Ni siquiera algo que se disfruta. Aquí el sexo es un simple subterfugio para enredar una historia mal contada y peor puesta en escena en medio de una explosión de tacos, frases vacías y topicazos de aquello que Nietzsche consideraba una trampa de la naturaleza para no extinguirse.

El buen hacer y la categoría de los actores que están sobre las tablas (gente muy competente como Pepón Nieto, Adriana Ozores o Anabel Alonso), no logran salvar una comedia que entretiene sólo a ratos, justo el tiempo que duran algunos buenos chispazos. Quizá a la dirección había que haberle pedido dos cosas. Una, que acortara la función: más de dos horas es un lapso demasiado largo como para no decir casi nada en el fondo. Y dos, que a pesar de algunas perlas, el guión hace aguas en la medida que resulta incapaz de tejer un entramado interesante. Hay risas, incluso carcajadas. Hay chascarrillos graciosos. Hay también humor corrosivo. Pero el problema es que todo eso se mezcla con una caterva innecesaria de estereotipos. Así que por ahí desfilan la eterna lucha de géneros, el reloj biológico de la mujer, la cuarentona deprimida y cansada, la jovencita desenfrenada, el follador compulsivo y el calzonazos sin remedio. La obra teje la historia de dos parejas y una soltera que comparten amistad, y que acaban enredados en una madeja de malos entendidos, relaciones múltiples y líos de todos con todos a cuenta de los placeres de un buen revolcón. Aunque es cierto que algunos golpes provocan la sonrisa y hasta la complicidad del espectador, lo cierto es que el aburrimiento sobrevuela casi toda la función. Una pena teniendo en cuenta el elenco de actores que la rodea.

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