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15 marzo 2010

SOMOS EL TIEMPO QUE NOS QUEDA

Fuentetaja, los libros y la miel

"Vivir de vender libros en un país en el que no lee ni Dios es una empresa demasiado compleja. Por eso ahora, reinventado el concepto ha vuelto a renacer en forma de librería restaurante. O viceversa". | "Jesús Ayuso, librero de Fuentetaja, en Madrid, nació en Moratilla de los Meleros en 1940 y fue precisamente entre algunas de las colmenas que tenía donde guardó gran parte del arsenal de libros que prohibió el franquismo".
El Decano de Guadalajara, 12.03.2010
Raúl Conde
Jesús Ayuso, en la librería Fuentetaja, en Madrid. | R.C.

Jesús Ayuso, en la librería Fuentetaja, en Madrid. | R.C.

Entre las esquinas de Chueca y Malasaña, allí donde Madrid se hace una ciudad cenicienta y nocturna, resiste la librería Fuentetaja. Lleva más de medio siglo abierta. Ha sobrevivido a una dictadura, a una Transición, a una democracia y a varios gobiernos locales que no siempre entendieron su perfil. Resiste en pleno centro. Rodeada de coches, de putas y de ilustrados que caminan con paso distraído hacia la vieja universidad. Foco de cultura, templo de la lectura, santuario de los libros prohibidos. Pueden agotar los calificativos que, pese a todo, Fuentetaja resiste. Abrió en 1959 en el número 48 de la calle San Bernardo, en una corrala de finales del siglo XVIII. Y llegó a convertirse en un estandarte de la libertad en unos tiempos en que hojear un libro resultaba sospechoso. La desgracia vino después. El edificio original casi se derrumba y la librería tuvo que cerrar a principios de 2007. Pero no por el deterioro de las vigas, sino de los números. El negocio parecía agotado: vivir de vender libros en un país en el que no lee ni Dios es una empresa demasiado compleja. Por eso ahora, reinventado el concepto y trasladada la sede hasta el número 35 de la misma calle, ha vuelto a renacer en forma de librería restaurante. O viceversa. Con libros, pero también con un bistró donde se respira el aire de los cafés literarios. La cosa es que merece la pena igual.

El alma mater de Fuentetaja es Jesús Ayuso, uno de los libreros más antiguos del país. Delgado, menudo y con un punto de semblante nórdico. Cuando le conocí me llevó a desayunar a un bar cercano a su trabajo. Durante el paseo de un sitio a otro saludó a media docena de clientes habituales y no probó apenas casi nada del croissant que le pusieron delante. Es un tipo locuaz y vivaracho cuya inteligencia ha despertado buena parte de las conciencias que algún día se acercaron a Fuentetaja. Y además trabaja mucho. Se levanta a las seis de la mañana y asegura leer de forma compulsiva. No para. Le bullen las ideas y le rebosa la voluntad para cumplirlas. Hace tres años, cuando estaba a punto de reinaugurar la librería, tenía en mente lo que ahora ha podido conseguir: la apertura de un espacio luminoso donde se conjugara el almuerzo, la merienda, la música y la lectura para disfrutar de una evasión plena. No es el primer local en el que literatura y gastronomía van de la mano. En Madrid ya existía La Buena Vida, del inteligente David Trueba; y en Barcelona hay que pasar por Laie, posiblemente, la mejor librería de España.

Jesús Ayuso, que nació en Moratilla de los Meleros en 1940, no sólo es alcarreño de nacimiento. También de militancia. En todas las entrevistas que concede acostumbra a decir que las dos cosas que más le gustan en la vida es leer y tomar miel. No lo dice sólo por puro gusto, sino porque lo lleva enraizado gracias a su infancia y adolescencia en la Alcarria. A Juan Cruz le dijo en El País que tenía el sueño de ser apicultor. Recuerdo que me contó que su padre le enseñó tres cosas por las quien siempre estará agradecido: el amor a los libros, el amor a los campos y el amor a las ciencias aplicadas. Las colmenas no son un elemento superficial en la trayectoria de Ayuso y de Fuentetaja. Porque fue precisamente entre algunas de las colmenas que tenía donde guardó gran parte del arsenal de libros que prohibió el franquismo. En los años sesenta, alguien le avisó de una redada de la policía. Fue entonces cuando decidió evacuar más de un centenar de volúmenes en lo que consideraba el mejor almacén clandestino: las colmenas. “La represión era tan dura, tan dura, que un día me quitaron el libro ‘La República’ de Platón creyendo que se iba a reproducir ese fenómeno”, cuenta. Pero no estaba solo en esa tarea. Al dibujante Forges, que le ayudaba en la venta de libros prohibidos en la universidad, lo multaron una vez con 1.500 pesetas por tráfico de libros peligrosos “para aclarar mentes obtusas”. Forges le preguntó a Ayuso cómo iban a pagar la multa. El librero contestó: “Muy fácil, vende más libros”

Ahora, Ayuso asegura que sigue yendo todos los fines de semana a Guadalajara y que mantiene sus colmenas. “Soy aficionado y me gusta conservarlas”. Y suele tener el detalle de acordarse de su tierra: el año pasado puso una dedicatoria de la Alcarria en la dedicatoria de Fuentetaja de fin de año y hace un par de años regaló miel entre alguno de sus clientes. Sus autores favoritos son Heráclito, Paul Auster y Gamoneda, entre otros. Pero, sobre todo, su referente es Pessoa, quien fue capaz de transformar la tristeza en hondura literaria y la palabra en poesía imperecedera. Sobre Antonio Buero Vallejo agregó: “A Buero le quitas la erre y se queda en bueno. Era buen escritor y buena persona”. Y, del resto de autores cercanos a Guadalajara, se queda con Cela, Manu Leguineche y Clara Sánchez. Ésta última, en su blog cultural de elboomeran.es, tiene escrito sobre el paisano librero: “Dice mucho de su carácter esta afición por algo tan vivo y productivo como las colmenas con ese constante ir y venir de laboriosas abejas. También tiene que ver con el sitio de donde es, Guadalajara, cuyo producto estrella es la miel, aunque a decir verdad él parece un poco extranjero por los ojos claros, el pelo rubio y los pómulos marcados”.

Quizá la contumacia en el durísimo negocio editorial le ha hecho destacar entre los grandes del oficio de librero. El Gobierno le otorgó en 2008 la Medalla de oro al Mérito en el Trabajo. Por su librería pasan igual cientos de lectores anónimos, aquellos que van rastreando como antaño una joya inesperada o un libro especializado, como ilustres clientes: ministros, escritores, políticos y hasta el alcalde de Madrid. Ayuso tiene una sólida red de amistades que no ha dejado de acudir a Fuentetaja, además del apoyo indisimulado de buena parte de la cultura madrileña. Es un símbolo de la ciudad. Aquel reducto sombrío en el que la gente se dejaba la vista buscando una lectura con la que alimentar el futuro se ha convertido en un espacio de libros, cafés y exposiciones. Y además ubicado en el mismo edificio donde Emilia Pardo Bazán tuvo su editorial, en los 280 metros de su segunda planta. Remata Jesús: “El libro es como una masa muerta que tienes ahí. Pero como esa masa muerta necesitamos todos de ella para darnos vida intelectual, emocional, emotiva, que se hace incluso necesaria cada día”.

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