Entrevistas

20 octubre 2006

JOSÉ LUIS SAMPEDRO, ESCRITOR

«Escribo porque no lo puedo evitar»

“Creo que una novela es fruto no sólo del autor sino de su momento vital. Nunca he retocado o corregido un texto mío. No he soltado un libro a imprimir sin estar completamente seguro de que no se puede hacer mejor.” “La primera vez que estuve en Guadalajara fue en 1939, durante la Guerra Civil, en Saúca. Luego fui al Alto Tajo para conocer el terreno y escribir sobre los gancheros” “Me impresionó la entereza de los gancheros, son hombres íntegros, de una pieza. El Alto Tajo tiene que apostar por un turismo sostenible, si hacen chalets se cargan el atractivo” “A los veinte años me paseaba por los jardines de Aranjuez y me decía: ¡ay, si yo llegara a ser un buen escritor de segunda! Y lo he llegado a ser, de segunda, porque genios hay dos o tres” “¿Por qué no se reconoce que la invasión de Irak fue una salvajada? Vivimos gobernados por dirigentes que piensan muy perversamente, con racionalidad hacia sus intereses pero con desprecio hacia los demás.” “No necesito a Dios para nada en la vida, pero entiendo que haya personas que sí. Las posiciones de la Iglesia están cada vez más alejadas de la realidad”
Se levanta todos los días a las cinco de la mañana, hace media hora de bicicleta estática y desayuna a las ocho con su mujer. Después baja a la calle a pasear y compra los periódicos. Así empieza cada jornada el escritor y académico de la Lengua José Luis Sampedro (Barcelona, 1917). En su ático del barrio de Moncloa, en Madrid, descansa tras ser operado de cataratas. “No puedo leer y es una lata”, rezonga. Sin embargo, sobre la mesa de su pequeño escritorio tiene desplegado un ejemplar de El País con varios artículos subrayados. El autor de “El río que nos lleva” (1961), la novela con la que retrató a los gancheros y las gentes del Alto Tajo, es un hombre alto, flaco y con aires de profesor despistado. Pero resulta simple apariencia. Conoce la historia al dedillo, domina la economía, combate a la Iglesia y a la derecha y se le escapan pocos detalles de la actualidad. Sabe y encima sabe explicarlo. Con sencillez, pero también con rigor. Es un intelectual de los pies a la cabeza que se confiesa votante “a veces del Partido Socialista y otras veces de los comunistas”. Ha ejercido de catedrático de Estructura Económica y asesor del Banco Exterior. Hace pocas semanas estuvo en Guadalajara, inaugurando el museo etnográfico de Zaorejas y charlando con los gancheros, a los que considera “hombres de una pieza, íntegros, valientes y honrados”.
Nueva Alcarria, 20.10.06
Raúl Conde

¿Escribe a diario?
Según lo que se llame escribir, pero todos los días escribo algo. Unas veces en un cuadernito que llevo conmigo, otros días es en un folio, otras veces algo más. Voy despacio porque ya me canso. Y siempre escribo yo, puedo dictar literatura pero no me gusta tanto.

¿Lo hace a mano o con ordenador?
En los últimos años lo he hecho con ordenador, pero no me gusta, no me divierte. Lo utilizo porque es más ligero. Antes tenía una máquina grande pero no puedo llevármela de viaje.

Vicente Molina Foix ha dicho de usted que “es un hombre tan amplio que en él siempre han cabido dos”.
Yo siempre he hablado del ‘otro’, que me da ideas. No quiere decir tanto que sea otro personaje, sino que dialogo mucho conmigo mismo. Eso que decía Machado en un verso: el que quiera hablar a Dios habla mucho consigo mismo. Yo no tengo ningún interés en hablar a Dios, pero hablar conmigo sí.

Me da la impresión de que usted es una persona a la que le interesa todo.
Sí, es verdad. En un principio me interesa todo, me interesa dialogar, con distintos grados de interés. Unas me concitan menos interés y otras de las que no sé nada me gustaría saber mucho más.

¿Tener interés por todo es una vocación o requiere aprendizaje?
Yo creo que más que nada es una actitud de apertura, a la vida, a lo que nos rodea. De todas maneras, con la edad se va uno podando caminos porque, claro, hay que renunciar a proyectos y cosas.

En alguna entrevista ha dicho que desde que escribió su primera novela hasta que publicó una discurrieron 40 años. ¿Qué pasó?
Sí, tardé casi cuarenta años en publicar las dos primeras, que son “La estatua de Adolfo Espejo” y “La sombra de los días”. No se publicaron hasta 1993. Me pareció que las dos primeras eran más inmaduras que las anteriores pero las publiqué igual que cuando las escribí, yo no he retocado nunca una novela. Yo creo que una novela de un hombre es fruto no sólo de él sino de su momento vital. Es decir, yo no escribiría hoy esas novelas, y si las escribiera, lo haría de otra manera. Yo me acuerdo que cuando en 1994 corregía pruebas de la primera edición, había cosas que las hubiera corregido e incluso por pura estética, de estilo, pero no las toqué nunca. Eran hijas mías de aquel tiempo, y eso no se toca.

¿Ha tenido dudas en algún momento de su vocación por la literatura?
Jamás. A mí mismo me cuesta llamarlo vocación porque se asocia con la idea de ser llamado desde fuera, pero yo no he sido llamado desde fuera. He vivido como escritor siempre. A los veinte años me paseaba por los jardines de Aranjuez y me decía: ¡ay, si yo llegara a ser un buen escritor de segunda! Y lo he llegado a ser, de segunda eh, de segunda, porque genios hay dos, tres o cuatro en el siglo, luego de grandes escritor hay una pléyade más amplia. Yo me conformo con haber escrito lo mejor que he podido y poniendo en cada libro todo lo que yo podía aportar. No he soltado un libro a imprimir sin esta completamente seguro de que no se puede hacer mejor. De mi novela más extensa, que fue “Octubre, octubre”, hice cuatro versiones. Cuando puse en el suelo, uno encima del otro, los folios que yo había escrito a máquina de las cuatro versiones, formaban una pila de 1,26 metros de altura. Estoy muy satisfecho con lo que he hecho.

Dice usted que es un escritor de segunda, pero es académico de la Lengua, o sea que será de primera, ¿no?
Bueno, son cosas externas. Yo estoy contento porque hay una coherencia entre lo que quería hacer y lo que he hecho. No he ahorrado trabajo en expresarme, en decir lo que quería decir. Se podría decir mucho mejor, otro autor lo hubiera dicho mucho mejor, pero ese soy yo y eso es lo que he dicho.

¿Qué rasgo destacaría de su propia obra?
Hay una cosa que predomina sobre todas que tiene que ver con lo que acabo de decir: la autenticidad. Yo escribo porque no lo puedo evitar, no para ganar dinero, ni tener fama, y eso lo digo ahora y lo decía hace sesenta años. No escribo para nada. Escribo por algo. Una historia se mete en mi cabeza, se hincha como un tumor y me tengo que operar, y operar es escribir y quitármela. Viene de dentro. Sé que no es un valor estético. Se puede escribir muy auténticamente y hacer un churro, pero es un valor humano. Estoy convencido de que el lector que coja una novela, si le gusta, es porque ha notado que detrás de esas páginas hay un ser humano que actúa. Y ese ser humano está ahí de verdad, no se inventa la novela. La produce como si él fuese un árbol que diese una fruta.

¿Cuándo pisa por primera vez Guadalajara?
La provincia durante la Guerra Civil. La primera vez que estuve fue en un pueblecito que se llama Sauca. Era en marzo de 1939, se estaba acabando la guerra, formaba parte de un equipo como cabo interino, yo podía haber sido oficial pero jamás quise, formaba parte de unas unidades del Cuerpo de Marruecos que bajaba de los Pirineos y se incorporaba al frente de Guadalajara y Madrid. Estuve en una pequeña casita de la carretera vieja, no la de ahora. Allí nos alojaron a mi pelotón y a mí. Después estuve cerca de Alcolea del Pinar y luego bajando por ese eje estuve en Mirabueno. Lo que más me impresionó es que, estando en Sauca, la tranquilidad que había. Bajé a Sigüenza a comprar unas botellas de vino pero me costó mucho porque los comercios se habían vaciado, al final las compré y una bota de vino y cogimos una cogorza… Luego a Guadalajara he vuelto para ir a actos, a entrevistas, he hecho mucha amistad con Cobos, el librero de la calle Mayor.

Hace poco inauguró el museo etnográfico de Zaorejas. ¿Qué tal le trataron?
Magníficamente, fue una cosa generosísima por su parte, estupenda, lo pasamos muy bien, y eso que yo estoy en unas condiciones físicas que no me permiten hacer mucho. Fueron muy cariñosos, muy generosos. Es una gente estupenda. Allí estuvieron los gancheros. El museo me pareció muy bien. Me acuerdo que en Villanueva de Alcorón, al inaugurar una escuelita que también le pusieron mi nombre hace unos años, hicieron una exposición de ropas tradicionales entre los vecinos. Era muy interesante. El de Zaorejas es mucho más.

¿Cuándo empezó a toma contacto con el Alto Tajo?
Pues fue en los años cincuenta y pocos. Desde los años treinta estaba fascinado por los gancheros que pasaban por Aranjuez. Sacaban las maderas del río y tenía mucho interés en escribir sobre ellos. Entonces decidí explorar el terreno, me cogía un coche de línea y me iba hasta Molina de Aragón y de allí a Peralejos de las Truchas, a Zaorejas, etc. Y Luego andaba, llevaba mapas topográficos y con eso me movía. Ocurrió que en 1961 decidí volver a la parte alta del río y repasar las zonas que yo no conocía. Entonces me fui a Alhama de Aragón, me instalé en el balneario, cogía un taxi de la época porque yo entonces tenía coche pero no me atrevía a ir por aquellas carreteras que eran pedregales y pistas de arena. El taxista conocía el terreno, me llevaba por los pueblos, como a Taravilla, y luego yo andaba a la orilla del río y me esperaba donde decidiera.

Allí en Zaorejas dijo que hace medio siglo “tenía obsesión por escribir de los gancheros”. ¿Por qué le atraían?
Porque eran humanamente hablando de una fuerza, de una capacidad enorme, sobre todo en los años 30. Los había analfabetos, pero eran rectos. La entereza, eran hombres enteros, íntegros, seres humanos de una pieza, sin dobleces, sin ambigüedades en ningún terreno. Sabían lo que hay que hacer. No tenían que indagar nada sobre el mundo, sobre la identidad que tanto nos preocupa a los urbanitas. ¿Qué es eso de la identidad? ¡La identidad soy yo! No tenía diálogos con ellos de esto, pero eran hombres de una pieza. Esta gente aceptaba la vida sin condiciones. Eran tan incorruptibles como una roca.

El Alto Tajo es una comarca poco conocida de Guadalajara, pero no se conocería nada si no fuera por su novela. ¿Le interesa a esta zona la publicidad?
Todo depende de cómo se haga. Si se dedican a construir a chalets adosados, están perdidos. Ahí tienen que buscar un turismo de calidad, no de dinero, sino de intención. Si quieren dinero, que hagan chalets. Es una zona alejada de muchos sitios, no es lo mismo un chalé allí que en Horche, a las puertas de Guadalajara, y quizá eso le favorece.

No crea, en Sigüenza, que también está apartada de Madrid aunque no tanto como Molina, existe un proyecto para construir cientos de adosados.
Pues así van a destruir los atractivos turísticos del lugar.

¿La gente de Guadalajara se valora a sí misma?
¿Qué quiere decir que se valora a sí misma? Que se tenga estima, yo creo que la gente tiene dignidad. Ahora, por ejemplo, en Zaorejas el trato ha sido de persona a persona, nada de servilismo ni adulación. Sabiendo cada uno donde está.

¿‘El río que nos lleva’ es su mejor novela?
Ah eso no lo sé. La verdad es que estoy satisfecho de todas las novelas. Nunca he escrito nada en lo que no creía. A mí me han reprochado por ejemplo la historia de “El amante lesbiano”, porque trata de homosexuales. Yo en esa novela no recomiendo a nadie que viva así, pero el que viva así tiene perfecto derecho a hacerlo. No me creo para nada lo que dice la Iglesia, que va contra natura. Lo que no es normal es que los jóvenes, que es cuando más energía sexual tiene la persona, se conviertan en castos. Y luego cuando se casan tienen que ser expertos, pero ¿cómo puede ser eso? Y si un hombre o una mujer no pueden casarse en su vida, ¿se tienen que aguantar sin sexo? ¿Pero por qué? ¿Quién lo ha dicho? El Señor dijo: creced y multiplicaros. Ya está bien de tabús.

La Iglesia parece que no varía sus principios.
Bueno, allá ella, se quedarán solos. Ahora mismo están con la manía de que no se puede investigar con células madre. Pues ya está en marcha eso. No digo que sea bueno o malo, digo que la sociedad se está alejando de ese terreno de la Iglesia. Es como la eutanasia, ¿usted cree que no hay derecho ella? ¿Por qué voy a morir yo entre dolores? Las posiciones de la Iglesia están cada vez más alejadas de la realidad. Tampoco aceptan matrimonios entre personas del mismo sexo. Da igual como se llamen las uniones, lo que cuenta es que de hecho hay personas del mismo sexo que se quieren. Eso es un hecho irrefutable, quizá hubiera sido más hábil no llamarle matrimonio. A mí eso no me escandaliza, siempre que no sea provocativo, siempre que sea consensuado.

¿Usted es laico, ateo o agnóstico?
Completamente laico, yo creo que Dios no existe pero no tengo pruebas para demostrarlo. No necesito a Dios para nada en la vida, pero entiendo que haya personas que sí. Es respetable ser creyente, pero que no me quieran imponer la cosa. Eso de que ahora se esté inoculando la Religión a los niños por la fuerza en los colegios, pagados por todos. Si lo pagan los padres, que lo paguen, pero con mi dinero no veo por qué. Según las estadísticas, la inmensa mayoría de españoles estamos bautizados pero sólo el 33% va a misa los domingos. Además hay una prueba irrefutable de que España no es tan católica y es que los católicos españoles no aman a Dios sobre todas las cosas, como dice el primer mandamiento, puesto que no son capaces de mantener la Iglesia económicamente. Si de verdad amasen a Dios sobre todas las cosas, no haría falta que la Iglesia pidiese dinero a los presupuestos del Estado.

¿El Gobierno socialista da un paso para adelante y otro para atrás en estas cuestiones?
En este terreno estoy muy descontento con este Gobierno. Tendría que haber afrontado el tema de los profesores de Religión frontalmente, no hay ninguna razón para mantener eso, no hay ninguna razón de seguir aplicando un convenio que suscribió Franco porque le convenía. Que haya Iglesia, muy bien, pero que la paguen quienes demanden sus servicios.

¿La clase política tiene miedo de afrontar el tema de la Religión?
Sí, porque sabe que aunque ellos no vayan a misa, la gente tiene una mentalidad y luego votan. Tienen miedo a los votos y con ese chantaje la Iglesia va tirando.

¿Se considera un hombre de izquierdas?
Hombre, supongo que después de lo que he dicho… Claro que existen ideologías, depende lo que se entienda por izquierda. Estoy al lado de los que tienen menos, de los inmigrantes, de los iraquíes. No estoy al lado de los millonarios ni de la banca.

¿Vota?
Sí, he votado al Partido Socialista y a veces al Comunista. Tampoco es que los socialistas se puedan considerar así pero a veces pienso que si no los voto vienen los otros y es peor.

¿Cuál es el secreto para mantenerse coherente durante toda una vida?
Serlo, ser fiel a uno mismo. Yo respeto a todos los demás, que hagan lo que quiera, pero mi pensamiento es ese. Y no lo digo ahora, lo dije en tiempos de Franco.

¿La economía es una ideología encaminada a justificar el poder del dinero?
Debería ser una buena administración de las cosas, que es lo que dice la palabra, pero hay mucha ideología justificadora del poder por parte de los economistas. No es la ciencia, es la aplicación que de ella se hace.

¿A los ochenta y nueve años con qué se disfruta en la vida?
Pues mire usted, con estar tranquilo y asombrarme constantemente de las barbaridades que se hacen en el mundo. Bárbaro, según la Academia, es hacer lo contrario a la razón. Se están haciendo en el mundo cosas contra la razón. Ahora mismo le imponen una sanción a Corea del Norte. Será una dictadura, pero ¿por qué no puede tener una bomba atómica si la tienen otros países como Pakistán o la India? Pues todo el mundo lo toma con naturalidad. ¿Por qué no se reconoce que la invasión de Irak fue una salvajada? Vivimos gobernados por dirigentes que piensan muy perversamente, con racionalidad hacia sus intereses pero con desprecio hacia los demás. ¿Qué ha quedado del derecho internacional? Hoy leo en el periódico que Pakistán cogió a un español musulmán y la CIA lo tiene en una cárcel secreta. Y los españoles no pueden reclamar la extradición porque oficialmente ese hombre no ha sido detenido nunca: ha sido secuestrado. ¿Por qué no se clama contra cosas como Guantánamo? Vivimos en una etapa de tecnobarbarie. El Derecho se ha ido a paseo. Pero en todo. Ahora mismo, en España, se talan los pinos en Navas del Marqués, un tribunal lo para y dice que no se puede hacer y entonces la Junta de Castilla y León recurre la decisión del tribunal porque dice que hay que proteger el urbanismo. ¿Y los pinos no hay que protegerlos, que son más difíciles de construir? Bruselas le dice a Valencia que está destrozando el litoral y Valencia dice que sigue adelante. A la Comunidad de Madrid se le dice que no ha hecho el informe de impacto ambiental para la carretera de los pantanos, no importa, continuamos la carretera. ¿Para qué sirven los tribunales?

Quiere decir que ni siquiera las instituciones respetan a la Justicia.
Ni siquiera. Si nos hemos cargado el derecho, ¿qué lazos nos quedan para soportar la civilización? La Religión. ¿Usted cree que el señor Bush y compañía son cristianos? Vamos, yo tengo mil veces más respeto por el Evangelio que el señor Bush.

Usted dijo ‘No a la guerra’ pero luego pasó lo que todos sabemos. ¿Existe la democracia o es puro formalismo para votar cada cuatro años?
En mi libro “Los mongoles en Bagdad” cuento todo lo que pasó después. Estos señores no tenían ni idea de lo que es implantar democracia. Y a uno de los inspiradores de esa teoría, el señor Wolfowitz, le hacen director del Banco Mundial. ¿Se va a ocupar de los pobres este señor? La barbarie no tiene principios, se impone por la fuerza con una técnica extraordinaria.

¿El movimiento antiglobalización opone suficiente resistencia?
No, no tiene fuerza suficiente pero es necesario y quizá algún día tenga esa fuerza. El tiempo también trabaja a favor de los pobres.