Entrevistas

21 diciembre 2007

ISABEL SAN SEBASTIÁN, PERIODISTA

“Para ser un buen periodista hay que ser rebelde”

Esta tarde pregona la Navidad en la capital y anuncia que ambientará en Guadalajara su próxima novela “Si no accedes a servir a una empresa o a un partido, te conviertes en un marginado o en un francotirador con la vida complicada” “Hay que acabar con ETA, hay que acosarles hasta que se rindan” “Mi próxima novela, una continuación de “La Visigoda”, estará ambientada en Recópolis, voy a menudo a Guadalajara”
Las medias tintas no están hechas para ella. Locuaz y terca, Isabel San Sebastián (Santiago de Chile, 1959) es una periodista de larga trayectoria que se ha hecho popular gracias a las tertulias de televisión. Ahora, tras mantener un enfrentamiento con el periodista José Mª Calleja en un programa de Televisión Española, dice repudiar este género. Sin embargo, conserva su participación en algunas tertulias. Por ejemplo, la de Telemadrid. San Sebastián empezó a sacar los colmillos en la profesión de la mano de Anson en ABC: haciendo entrevistas y luego columnas de opinión. Después ha pasado por la revista Época, la cadena SER, Radio Nacional, Televisión Española, Antena 3, Telecinco y, finalmente, El Mundo, donde escribe ahora. Esta tarde pregona la Navidad en la plaza Mayor de Guadalajara.
Nueva Alcarria, 21.12.07
Raúl Conde

Las medias tintas no están hechas para ella. Locuaz y terca, Isabel San Sebastián (Santiago de Chile, 1959) es una periodista de larga trayectoria que se ha hecho popular gracias a las tertulias de televisión. Ahora, tras mantener un enfrentamiento con el periodista José Mª Calleja en un programa de Televisión Española, dice repudiar este género. Sin embargo, conserva su participación en algunas tertulias. Por ejemplo, la de Telemadrid. San Sebastián empezó a sacar los colmillos en la profesión de la mano de Anson en ABC: haciendo entrevistas y luego columnas de opinión. Después ha pasado por la revista Época, la cadena SER, Radio Nacional, Televisión Española, Antena 3, Telecinco y, finalmente, El Mundo, donde escribe ahora. Esta tarde pregona la Navidad en la plaza Mayor de Guadalajara.

¿Cuál es la mayor virtud que debe tener un periodista?
Diría dos: la curiosidad y la valentía. Sin curiosidad no hay periodismo, si no tienes el ansia de conocer lo que está pasando, de ir más allá de lo que parece, de investigar y averiguar con unos y con otros para que te cuenten, de arañar la superficie de lo que acontece, pues no eres buen periodista. No te enteras de lo que pasa. No tienes afán por descubrir. Y si no eres valiente, no te atreves a hacerlo, a dar los pasos, a molestar a quien haya que molestar, a preguntar cosas inconvenientes. Si no eres valiente, aunque tengas interés por descubrir, no te atreves.

¿Es necesario significarse por alguna ideología para sobrevivir ahora en la profesión?
Para sobrevivir, no. Más que la ideología, los periodistas, salvo algunas excepciones, por lo que nos distinguimos es por una servidumbre una empresa, a un partido, a lo que sea. Si entras al trapo en este tipo de servidumbres, te conviertes en un marginado o en un francotirador con la vida complicada.

¿Esta situación se ha agravado con la aparición y el crecimiento de los grupos de comunicación que controlan el mercado de la prensa?
Claro, con la concentración de medios. La aparición de tres grandes grupos es lo que ha convertido que te conviertan en un mercenario de tu grupo o hace mucho frío fuera. Sobre todo los periódicos impresos, dentro de los grupos, se han convertido en gabinetes de prensa, en boletines de partido. No en periódicos, sino en boletines que están al servicio del gran grupo y sus intereses. Por supuesto, dejo fuera de esta división a El Mundo, que no pertenece a ningún gran grupo multimedia. Hasta ahora ha sido sólo un periódico, pero los diarios que están en grupos multimedia, como el negocio no está en el periódico sino en las televisiones o en los libros, pues los periódicos se han convertido en boletines de defensa de su grupo.

¿Ha caído alguna vez en la autocensura?
Me imagino que inconscientemente, más de una vez, pero así, que yo conscientemente me haya autocensurado, creo que no, pero no lo sé. Es posible que alguna vez. Tampoco soy Agustina de Aragón. A mí lo que han hecho es censurarme. Y cuando me han censurado, me han echado o me he ido. Me ha ocurrido en varios sitios. Por ejemplo, en ABC me censuraron un artículo y me marché después de trece años, con una mano delante y otra detrás. Además, era una chorrada. El director había dicho que no se hicieran quinielas electorales, yo lo hice y me censuraron el artículo. ¡Ya ves tú qué cosas! ¡Por hacer una quiniela en una columna! Me levantaron el artículo y me marché. Y en Antena 3 Televisión me pidieron que vetara a un contertulio, me negué y me echaron. Ese tipo de censuras sí que nunca las he aceptado. Ahora, puede ser que un día digas: hoy voy a meter un palo a fulano y puede ser que digas: coño, ya lo he metido a futano, a perengano y sólo me falta este para… Ese tipo de cosas sí lo habré hecho alguna vez.

En estos casos de censura, ¿la reacción de los compañeros es lo más triste?
Pues sí, la verdad, para que nos vamos a engañar. En el caso de censura, la reacción de los compañeros consiste en ponerse a silbar.

O sea, que el mito del corporativismo es falso.
Falso absolutamente. Si hay algún oficio con cero corporativismo es el periodismo. En los años gloriosos de la censura, sí que hubo, pero ahora lo que hay es el sálvese quien pueda y cada uno a lo suyo, con alguna rarísima excepción. En el caso de Antena 3, te lo puede decir con nombres y apellidos cuales fueron las excepciones: Esther Esteban, que es una amiga de una lealtad absoluta y una periodista como la copa de un pino que jamás se hubiera sometido a ese tipo de chantajes, y Ángel Expósito, que me llamó y me dijo: oye, Isabel, si tú me pides que no vaya al programa no voy, porque tú me llamaste, a ti te han echado y no voy. Pero eso fue todo.

Usted ha tocado todos los palos: televisión, prensa y radio. ¿Qué prefiere?
La prensa y escribir. Me parece un trabajo más serio. Si eres rápido escribiendo, y con los años aprendes a serlo, siempre tienes más margen para pensar. Puedes hacer tres, cuatro, cinco llamadas, contrastarlo con uno o con otro. La televisión es mucho más superficial, está cogido con alfileres. Si no tienes imagen, no tienes noticia, lo cual es una chorrada porque hay muchas noticias que no puedes documentar con imágenes y sigue siendo noticia. El periodismo escrito te da más margen para lo que es un trabajo periodístico. La televisión es más un trabajo artístico. La radio es más una cuestión de rapidez en el comentario, la réplica pero tampoco trabaja mucho la investigación, la profundización y el análisis. Lo que más me gusta es la prensa escrita, pero en términos familiares, trabajar en la redacción de un periódico es insoportable. Es un horario insoportable. Es una técnica de trabajo insufrible. Empezar a trabajar a las diez de la mañana y terminar a las once todos los días. Eso no hay entorno familiar que lo soporte. Terminados sacrificando mucho la familia por el periodismo. Yo por eso, en una etapa muy temprana de mi carrera, cuando mis hijos eran pequeños, opté por la independencia. Luis María Anson me permitió hacer mucho trabajo en casa. Trabajo mucho pero desde casa. Estar encadenado a una redacción es durísimo.

¿Qué le han traído más problemas, las columnas de opinión, las entrevistas o las tertulias?
Las tertulias, sin duda ninguna. Hasta el punto de que después de la última bronca de 59 Segundos, mi disposición a ir a este tipo de tertulias es nula. Yo ya para el ring no estoy disponible. Para un debate sosegado donde uno pueda argumentar, bien. Pero ir a un circo mediático en el que la táctica consiste en linchar al contrario, paso. Están los debates, están las tertulias y están los circos. Los debates son algo muy enriquecedor y grato, desde el punto de vista profesional. Las tertulias, siempre que estén bien moderadas, por alguien que sepa hacer su trabajo y dar cauce a las distintas posiciones, también están bien. Pero los circos mediáticos en los que se trata de ver quien insulta o grita más al contrario, a eso me niego, entre otras razones porque últimamente se ha abierto una especie de patente de corso o licencia para matar. No se trata de gritar más, sino que encima cuando tus argumentos flojean frente al oponente, se va a la descalificación personal.

En el programa de Televisión Española “59 Segundos” mantuvo una agria discusión con el periodista José María Calleja. Después abandonó el plató. ¿Por qué?
Me dijo que llevo muchos años engordando a ETA con mi silencio. Es el colmo. Si te dicen fascistas, golpista… dices, bueno, son chorradas. Pero considerando que llevo ocho años viviendo con escolta policial, que llevo más de diez años mirando debajo del coche, que tengo cuatro libros escritos sobre ETA, innumerables artículos, innumerables programas de televisión e innumerables amenazas concretas, que me digan que llevo años engordando a ETA con mi silencio es más de lo que puedo soportar. Y si yo hubiera estado en el papel de la moderadora le habría exigido a esa persona una rectificación y si no se hubiera producido, le habría pedido que abandonara el plató.

El año pasado, durante las I Jornadas Profesionales sobre las Nuevas Fórmulas en televisión, usted dijo que “los nuevos periodistas se encuentran con una redacción dócil y sumisa”. ¿Lo mantiene?
Esto es culpa un poco de todos, de un mercado laboral donde hay más demanda que oferta, donde hay muchos estudiantes dispuestos a trabajar gratis, donde hay una formación excesivamente academicista, es decir, en que se insiste demasiado en que te leas este libro pero se explica poco en qué funciona el mundo. También hay un sistema de trabajo jerarquizado en el que se le pide a la gente disposición ilimitada en detrimento de su independencia. Donde no se permite que discutas una orden. Es decir, es todo fruto de un movimiento generalizado en la sociedad donde se cultive la obediencia y la sumisión y no la rebeldía. Y un periodista tiene que ser rebelde. Para ser buen periodista hay que ser rebelde.

¿Es posible acabar con ETA?
No sólo es posible, es absolutamente indispensable. Hay que acabar con ellos obligándoles a que se rinden, hay que acosarles hasta que se rindan.

¿Qué frutos está dando la política antiterrorista del Gobierno actual?
Pues ya lo hemos visto, está dando los frutos de seguir permitiendo que ETA esté viva y, sobre todo, con esperanza. Lo peor que ha hecho la política, no lo llamaría antiterrorista, sino de gestión del terrorismo por llamarlo de forma neutra, es devolver a ETA la esperanza de que en una mesa de negociación va a conseguir algo. En la medida que tienes esperanza, sigues luchando. Y en esas estamos.

Sin embargo, ha sido la legislatura con menos víctimas mortales.
Claro, primero porque ETA es debilitada por la acción de los sucesivos gobiernos, del desgaste internacional, del aislamiento. Y segundo porque en la medida en que ETA está negociando, no mata. Como han estado negociando dos años, no han matado, pero se han rearmado y se han fortalecido anímicamente. Y luego han vuelto a matar, pero claro, si nos hubiéramos rendido hace veinte años, hubiéramos tenido muchos menos muertos. Nunca ha estado ETA tan cerca de conseguir sus objetivos independentistas que ahora. Nunca ha visto más al alcance de la mano la tan ansiada soberanía porque nunca ha tenido delante un gobierno que dijera que el concepto de nación es un concepto discutido y discutible. Eso es una barbaridad que ETA jamás había oído por parte de un presidente del Gobierno.

¿Conoce Guadalajara?
Sí, he estado allí más de una vez. Mi nueva novela se desarrolla en un enclave muy cercano a Guadalajara. En realidad es una novela en dos escenarios, uno es Asturias y otro Recópolis, un enclave arqueológica próximo a Guadalajara, así que estoy yendo mucho últimamente. La sacaré en otoño. En el pregón de la Navidad voy a hablar de la Navidad y de la nostalgia que nos embarga a todos en estas fechas navideñas.