Entrevistas

2 enero 2008

VICENTA COBO, PERIODISTA Y ESCRITORA

«Me impactó más la gente del campo que la Gran Muralla»

Una alcarreña en el corazón de Asia
“Viaje al corazón de China. En el vientre del dragón” es el primer libro que publica la periodista alcarreña Vicenta Cobo, natural de Loranca de Tajuña. En sus 203 páginas, con abundantes fotografías de la propia autora, el lector puede sumergirse en una de las culturas más antiguas del mundo, China. A lo largo y ancho de este inabarcable país, la escritora realiza un recorrido que nos llevará de los hutongs de Beijing a los espectaculares jardines de Suzhou pasando por las montañas imposibles de Yhangshuo, o los rascacielos de Sanghai.
Nueva Alcarria, 30.12.07
Raúl Conde

No hizo el viaje para escribir el libro, pero se vio obligada a ello para contar el cúmulo de experiencias vividas. Vicenta Cobo es alcarreña de Loranca de Tajuña. En verano del año pasado cogió un billete a Beijing, una guía turística, un diccionario español-mandarín, una bolsa de viaje y se marchó a China. “Hago el libro después del viaje. Yo siempre he viajado mucho pero Oriente me interesa desde hace mucho tiempo, pero una amiga me animó a hacerlo. Una vez allí decidí escribir algo sobre China. Sentí la necesidad de ordenar las ideas”. La autora revela que “China me transformó de un modo que aun no acierto a comprender del todo”. La experiencia vivida en su viaje ha cambiado su vida por completo: “visto desde Oriente, Occidente parece un milagro –afirma – a mi vuelta a España sentía que una parte de mí estaba todavía en China. Lo cierto es que mis intereses personales cambiaron completamente tras este viaje y tras escribir este libro”. Un libro que, en palabras del periodista Pablo Villarrubia, autor del prólogo, “es un auténtico relato de viajes que se lee con deleite y fluidez, por su narrativa amena y repleta de anécdotas. Dentro de unos años este libro quedará como un retrato del apasionante instante que está viviendo la sociedad china, el del cambio, el del viraje económico y el de la transición a una nueva sociedad”.

Fue un itinerario duro, difícil, “una paliza”, tal como confiesa la autora. Viajó sola. Estuvo un mes y veinte días en el gigante asiático. “De pequeña me decían que tenía rasgos orientales y me preguntaban si tenía un antepasado chino. Ya casi por obsesión un día me dije: tienes que ir a China, y allí me fui”, cuenta. “Quería ver sitios nuevos, diferentes”. Vicenta confiesa que le gusta viajar sola. No es por capricho, sino por palpar con mayor intensidad el propio viaje: “estás más atento a todo, a lo que pasa. Pierdes tus referencias y te vuelcas con todo. Además, con una actitud más abierta aprecias el lugar. Es una manera de disfrutar más”.

Vicenta Cobo ha demostrado ser una viajera intrépida y humilde. Ha recorrido hasta la fecha veintidós países de los cinco continentes. Y ha seguido el consejo de los viejos maestros del reporterismo de viajes: viajar ligera de equipaje, sin tenerlo todo organizado, dando espacio a la improvisación y dispuesto a zambullirse de los olores, el paisaje y los sentidos del destino. “Me gusta ir a la aventura –explica-, me informo bastante pero no lo organizo todo. Reivindico la improvisación, mantener la incertidumbre del viaje, porque, en caso contrario, matas lo mejor del viaje. Ese afán de tenerlo todo controlado, no va conmigo. Te cargas lo mejor del viaje, que son las sorpresas”. Dos reporteros curtidos en mil billetes de avión, Manuel Leguineche y Javier Reverte, tienen dicho que “los peores viajes dejan los mejores libros”. Vicenta está de acuerdo: “el viaje a China fue durísimo, es un país inmenso, tienes la barrera del idioma, la mayoría de chinos no saben inglés y tienes que sacarles las cosas con habilidades”. Incluso llegó a hacer un viaje en tren de 28 horas. “Ese día me tocó un camerino con una chinita. Nadie me entendía y lo pasé sin comer, pero son los viajes que más huella te dejan”.

Desigualdades

Ni la Gran Muralla ni cualquier templo. Lo que más le impactó a la autora alcarreña de su viaje a China fue la gente. Sobre todo la gente del campo. Los más humildes. Los agricultores. Los campesinos. Los chinos que tienen sesenta o setenta años y van encorvados a los huertos o al monte. La China rural. La China popular, en el sentido literal de la palabra. “En el sur, cerca de la frontera con Vietnam, me impactó la gente del campo, viejecitos que van encorvados a trabajar y te quedas impresionado. La verdad es que no podía hablar con ellos, pero sólo con ver el rostro de la gente ya merece la pena”, admite. La paradoja también llamó la atención de Cobo: “me encontré un cartel que decía: éxito en inglés, éxito en la vida. Es increíble, tratan de robar las raíces del campo, tratan de venderles la idea de que el éxito, lo bueno, está en la ciudad y no en los pueblos. Claro, luego muchos chinos se van a las ciudades y se encuentran que no tienen nada, ni siquiera casa, pero es increíble cómo tratan de venderles la moto con el estilo de vida occidental”.

Esta situación en el medio rural chino queda de manifiesto en el libro de Vicenta Cobo. A través de una prosa directa, repleta de matices, con la sutileza de quien es periodista y ejerce de reportera, la autora detalla la vida de la China de los pueblos, pero también de las ciudades medias marcadas por el horror del comunismo. Los contrastes son evidentes. Parecen países distintos: el de los edificios grises tirando a negros y el de los paisajes excelsos y los templos milenarios. Son dos almas que conviven, hasta ahora, en armonía. A partir de estos tiempos, ya se verá. Las transformaciones que está sufriendo China, sobre todo en el ámbito económico, están cambiando incluso los hábitos de vida. O las costumbres. “Por el camino se están dejando a la gente del campo, y también el medio ambiente porque lo están contaminando todo. Desde Occidente les hemos inoculado el virus del progreso económico”, opina. El capitalismo está machacando la sociedad rural china. “Allí están ganando dinero las élites del Partido Comunista, pero el resto malvive. La corrupción es tremenda, lo pude leer en los periódicos que se publican en inglés”. Sin embargo, la autora confía en la reacción de los chinos: “en el último Congreso del PC ya se han dado cuenta. La gente acabará sublevándose. Aunque también hay que reconocer que casi era imposible que no penetrara el capitalismo”.

China es, actualmente, un híbrido internacional. Es un régimen comunista pero con un sistema económico liberal. Y no hay libertad de expresión. “Yo tengo el correo en Terra y como allí está censurada pues no pude ver mi correo electrónico en China, esto es importante recalcarlo porque muchas veces se olvida: no hay libertad de expresión. Sólo organizaciones como Amnistía Internacional lo están recordando continuamente. En la plaza de Tiananmenn no puedes ir ni en bicicleta, tienes decenas de policías vigilándote. Los chinos sólo tienen libertad para comprar. El resto se lo pasan trabajando. Trabajan veinte horas al día por sueldos de miseria”. Cobo recuerda en el libro unas palabras del poeta Antonio Colinas: “el virus occidental está cambiando todas las sociedades”.

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Loranca, “lugar del alma”

El libro de la periodista Vicenta Cobo sobre China está trufado con decenas de extraordinarias fotografías de su viaje. La autora retrata los paisajes, pero también los monumentos y, sobre todo, la gente. Las fotos de personajes anónimos sentados en una acera, cortándose las uñas en un “hutong”, una calleja solitaria, o la mirada limpia de una niña bebiendo agua, ofrecen un retrato mucho más cercano de China que cualquier insulsa guía de viajes. La periodista alcarreña ha mezclado la China moderna, por ejemplo la del lujo y los rascacielos de Shangai con la de tierra adentro, mucho más modesta y antigua. También subió 6.600 escalones hasta ascender al Tai Song, la montaña sagrada del taoísmo. “Soy deportista y estoy acostumbrada, pero la verdad es que fue duro. Me gustó que allí no hubiera ningún turista, sólo había ancianos de 60 o 70 años encorvados subiendo la montaña y eso te da ánimos”, detalla. Se trata de la montaña mítica donde subieron los emperadores chinos. Vicenta ha recorrido el país entero, ha paseado por la Gran Muralla pero también por las pequeñas poblaciones. Se ha impregnado de China y de lo que irradia este país convertido en potencia mundial. Sin embargo, no olvida sus raíces. Vicenta Cobo, que hasta hace tres meses residía en Guadalajara, nació en Loranca de Tajuña en 1961 y en cuanto puede viaja hasta su tierra: “Loranca es mi lugar del alma. Mi padre, que falleció hace poco, era agricultor y yo me he criado en el campo. Voy siempre que puedo. Tengo una conexión especial con Loranca y la Alcarria y siempre he pensado que mi sensibilidad hacia lo rural y la naturaleza procede de la infancia. Me tiré 12 años y eso me formó”. Aunque ha trabajado en distintos medios de comunicación, entre ellos Televisión Guadalajara, actualmente es profesora de Comunicación, Imagen y Sonido en Madrid.