Revista de Folklore y un poema de Lorca

Hace exactamente 20 años publiqué en la Revista de Folklore, que dirige el folklorista y maestro de etnólogos Joaquín Díaz, un ensayo sobre Federico García Lorca [en formato PDF: revista-de-folklore-294.pdf]. En concreto, sobre la Baladilla de los tres ríos y las raíces del cante jondo en la poesía lorquiana. Hubo un tiempo en que tenía tiempo, valga la redundancia, para escribir sobre cosas importantes y no sobre las miserias políticas cotidianas. El poema en cuestión corresponde al volumen Poema del cante jondo, publicado en 1931 en Ediciones Ulises, aunque su redacción la llevó a cabo Lorca entre 1921 y 1924. Es una composición extraordinariamente hermosa. Poesía popular de influencia romántica que no busca ensalzar la dimensión costumbrista del folklore, sino su valor artístico. A Lorca hay que volver siempre. Me ha encantado reencontrarme, dos décadas después, con este texto. Y también con la hemeroteca digitalizada de una revista excepcional en la que tuve el honor de colaborar.

Que nos ahorren sermones sobre el mérito deportivo

Comprendo la alegría generalizada por el fiasco de los clubes patricios con ese invento de la Superliga y, especialmente, del presidente que maneja el Real Madrid como si fuera un cortijo. Pero no sé exactamente por qué el aficionado raso tiene que alinearse con los intereses de la UEFA, la FIFA, las federaciones, las patronales de las diferentes Ligas (incluido el ex militante de Fuerza Nueva que mangonea la Liga española), Boris Johnson y hasta el príncipe Guillermo. No ha habido una revuelta de las aficiones, por mucho que determinados periodistas deportivos nos vendan el cuento del romanticismo de la Premier. Ha habido una reacción feroz de la trama corrupta que parasita la industria del fútbol europeo para retener los derechos de explotación. Y, en el caso del Reino Unido, ha habido una reacción nacionalista furibunda bajo el subterfugio del bla, bla, bla de la solidaridad y la competitividad. Como si el modelo actual de Champions, jibarizado por clubes en manos de millonarios o incluso de Estados teocráticos en los que se aplastan los derechos humanos, estuviera gestionado por ONGs con todos los clubes participando en condiciones de igualdad. «Tenemos que proteger el juego nacional», dijo el primer ministro británico.

La iniciativa de los grandes clubes era extractiva y salvaje, y buscaba salvar los ingresos de una burbuja obscena que no se sostiene con la pandemia. Pero el conglomerado que le ha doblado el pulso es la peste. Lo digo por aquello de no dejarnos llevar por la corriente. El presidente de la UEFA es el padrino de una de las hijas de Agnelli, dueño de la Fiat y la Juventus. Lo pongo como ejemplo de la cercanía entre los contendientes y de lo lejos que está el común, o sea, todos nosotros, de todo eso. Esta es una pelea de mafiosos por el pastel. Sería interesante que nos ahorrasen sermones sobre el mérito deportivo.

14 de abril

14 de abril. 90 años desde la proclamación de la II República, un proyecto político democrático y transformador que situó a España a la vanguardia de las potencias occidentales. Libertad de expresión, sufragio universal, elecciones y prensa libre, pluralismo parlamentario, igualdad de género y reformismo de estructuras económicas e institucionales ancladas hasta entonces en la oligarquía, la explotación y la política de notables del viejo régimen. Hay muchos historiadores e intelectuales que recomendaría para acercarse a este período de forma ponderada (Santos Juliá, Moradiellos, Fusi, Thomas, Preston…). También desde una óptica conservadora (Madariaga, Pla) o progresista (Viñas, Fontana, Casanova). Pero yo hoy, sobre todo, aconsejaría leer la Constitución de la República Española de 1931. Una gavilla de apenas 30 páginas. Es un texto impecable, propio de un sistema democrático y liberal, que desmonta el revisionismo de una derecha política e historiográfica que quiere hacer pasar a las autoridades republicanas como culpables de la felonía abyecta del golpe de Estado del 36 y de la posterior Guerra Civil. Pero también deberían leerla aquellos que enarbolan la tricolor en manifestaciones disolventes de la nación española. Aquella Constitución, que amparaba un «Estado integral» compatible con la «autonomía de municipios y regiones» pero no con la «federación de regiones autónomas», era mucho más jacobina y centralista que la del 78. Pese a las tensiones internas y los episodios de violencia social, España perdió el tren de las libertades, los derechos y la modernidad con el derribo del Estado republicano, consentido por las democracias aliadas de nuestro entorno. Ya lo dijo Azaña, la libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.

Silencio alrededor de Bankia

Completado el proceso de absorción de Bankia por parte de CaixaBank, ya con sede social en València, no en Barcelona. De esta forma, el Estado pierde el control de una entidad rescatada después de que el FROB indicara en septiembre pasado que los contribuyentes perderían más de 20.000 millones de euros con el rescate a Bankia en 2011. Bankia, recordemos, fue el artefacto financiero urdido por el PP en la Comunidad de Madrid y la Comunitat Valenciana, y respaldado por Zapatero y el ínclito MAFO, con el que se trató de tapar las miserias de Caja Madrid y Bancaja con el ladrillo. Se colocó a Rato en la presidencia, se estafó a los usuarios en la salida a Bolsa, se saqueó la entidad con las tarjetas opacas y el Estado tuvo que salir al rescate. El Banco de España, mientras, mirando a Cuenca. Ahora, una vez saneada, se queda con el banco CaixaBank en una operación jaleada por Sánchez y Calviño. Goirigolzarri se cuadruplica el sueldo, los ciudadanos pierden el dinero puesto con sus impuestos y el dividendo de la macroentidad resultante irá a parar a los accionistas de CaixaBank.

Todo esto, para salvar a un banco que el PP usaba a su antojo y en cuyo consejo de administración se sentaban representantes de todos los partidos, organizaciones empresariales y sindicales. Y todo, no solo con el beneplácito sino con el respaldo de dos Gobiernos del PSOE. Ya sabemos de toda la vida que lo progresista es socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.
Luego que por qué no votan más en Vallecas y los barrios de trabajadores…

Artículos en Nueva Alcarria

Tiendas y productos ‘made in Guadalajara’

Diez preguntas sobre el Rey Emérito y una coda

Diez preguntas sobre el escándalo perenne del Emérito y una coda:

1. ¿De dónde ha sacado los cuatro millones de euros de su segunda regularización con el Fisco?
2. ¿Hubo blanqueo de capitales?
3. ¿Falta más dinero por salir a la luz?
4. ¿Por qué Hacienda no le abrió un expediente sancionador después de su primera regularización, en diciembre? En ese momento fue por el impuesto de Donaciones; ahora por pagos en especie sujetos a IRPF.
5. ¿Por qué la ministra de Hacienda no ha informado de las negociaciones con los abogados de Juan Carlos I, si lleva semanas hablando con ellos?
6. ¿Por qué se filtra justo después del aniversario del 23-F? Zarzalejos adelantó hace varias semanas que los representantes legales del Emérito estaban negociando con Hacienda una segunda regularización. ¿Qué extraño criterio de oportunidad les lleva a hacerlo público ahora?
7. ¿Por qué sigue fuera de España si de verdad no es un prófugo de la Justicia?
8. ¿Por qué Felipe VI no le retira el título de Rey Emérito si las infracciones objeto de regularización se cometieron después de la abdicación de su padre?
9. ¿Por qué Felipe VI incumple su propio compromiso de regeneración y transparencia, por ejemplo, en todo lo que afecta a la Fundación Zagatka, que en junio modificó sus estatutos para eliminar a Juan Carlos I y a sus tres hijos como beneficiarios de la misma?
10. ¿Por qué no actúa la Fiscal General del Estado?

La coda, obvia: no hace falta que Pablo Iglesias o los independentistas hablen mucho. La Monarquía se basta sola para erosionar a la institución. Y eso afecta, se quiera ver o no, al titular de la Corona.

Los diputados jabalíes del PP

El primer Pleno del Congreso del nuevo periodo de sesiones -el último fue a mediados de diciembre- vuelve a demostrar hoy que la crispación, los insultos, las interrupciones, las zancadillas y las broncas vienen siempre desde la misma bancada de la oposición. Creo que es hora de decirlo ya y no esconderse en la tabla rasa con la que habitualmente suele juzgarse a todo el arco parlamentario. Basta comprobar la patética intervención de esta mañana del secretario general del PP al vicepresidente segundo del Gobierno. Se enreda con los gritos, las chanzas y las tarjetitas, y siempre se le escapa vivo.

En un discurso pronunciado el 31 de julio de 1931, José Ortega y Gasset, entonces diputado de la Agrupación al Servicio de la República, acuñó la definición «jabalíes» para describir al grupúsculo de parlamentarios de extrema izquierda que sobresalió por su política antigubernamental en las Cortes Constituyentes de la Segunda República. Ahora el parlamentarismo agraz ha cambiado de bando, pero sigue jibarizando las sesiones en la sede de la soberanía nacional.

Está de moda decir que todos los políticos son iguales. No es cierto. Está de moda decir que todos los diputados van al Hemiciclo a ejercer de jabalíes. No es cierto. Como me chupo casi todas las sesiones parlamentarias, por defecto profesional y porque me gusta flagelarme, puedo decirlo sin temor a equivocarme. La crispación no es un recurso de la derecha cuando está fuera del Gobierno. Es un recurso del PP. Solo del PP. El comportamiento de algunos de sus diputados-jabalíes, por seguir con el término orteguiano, no encuentra réplicas en Ciudadanos. Ni siquiera en Vox. No estoy expresando una opinión; estoy describiendo un hecho.

Exiliado

Ayer le hicieron una buena entrevista a Pablo Iglesias en La Sexta. Recomiendo verla a quien lo haya hecho. De verdad. El periodista hizo las preguntas y repreguntas pertinentes. Fue incisivo dejando hablar al entrevistado, que es lo suyo. Le situó frente al espejo de sus contradicciones, pero sin la agresividad que se gastan algunos compañeros que confunden el periodismo con el boxeo.

El resumen del programa, que está editado, podría ser: el mundo conspira contra mí, todo el día recibo presiones -pese a que mi cometido oficial empieza y acaba en la Agenda 2030- y si yo no cumplo las promesas con las que me llené la boca en campaña es por culpa del pérfido PSOE. Sus palabras fueron un monumento al cinismo: pretender ser gobierno y oposición al mismo tiempo, supongo, debe de tener algún tipo de explicación que excede la política. Con todo, la declaración más hilarante, y al mismo tiempo también la más hiriente, fue la comparación explícita que estableció entre la condición jurídica en la que se encuentra Puigdemont y la que sufrieron los republicanos represaliados tras la guerra civil. Dijo, porque el periodista le preguntó por ello explícitamente, que el ex presidente de la Generalitat es tan exiliado como los que en el 39 tuvieron que salir huyendo de la dictadura.
Confieso que cuando escuché eso me dieron ganas de apagar el televisor y mandar a hacer puñetas al personaje. Soltar una patochada así no tiene justificación desde ningún punto de vista, ni siquiera, si estás a favor de la vía del diálogo en Cataluña. Uno puede tener la opinión que sea sobre lo que hizo o dejó de hacer Puigdemont. La mía la he expresado con claridad muchas veces en el periódico: quebró las leyes, vulneró el Estatuto, liquidó el autogobierno, intentó amputar los derechos de ciudadanía a la mitad de los ciudadanos de Cataluña. Y solo la fuerza coercitiva de la ley se lo impidió porque llevaron lo que él y los suyos denominan «el mandato del 1-O» hasta sus últimas consecuencias parlamentarias. Es mucho más grave que un delito de naturaleza económica porque atañe al marco legal y de convivencia, para entendernos, a las reglas del juego democrático. En todo caso, insisto: uno puede tener la opinión que quiera. Puedes llegarte a creer incluso que este tipo es un mártir de la causa soberanista. Allá cada cual con sus paranoias. Cuestión distinta es que el vicepresidente del Gobierno y autoerigido líder de la izquierda española pisotee la memoria democrática de quienes fueron exiliados y represaliados, ellos sí, por defender sus ideas políticas. Porque si dices eso, como vicepresidente, no solo estás erosionando la posición del Estado en el trámite de suplicatorio en el Europarlamento, sino que demuestras que vives completamente enajenado de la realidad. Ni siquiera los intereses electorales de tu formación en Catalunya justifican un atropello de este calibre. La izquierda no puede coadyuvar en el discurso nacionalista. Supone una contradicción ideológica insalvable. Pero mucho menos hacerlo mancillando el legado de los españoles que fueron expulsados de su país por defender un sistema democrático equiparable al que ahora permite a Pablo Iglesias, libre de responsabilidades institucionales de envergadura, hacer el cantamañanas para contentar no se sabe muy bien ya a quién y a cuántos.

El aplazamiento de las elecciones en Catalunya, una maniobra partidista de ERC

El aplazamiento de las elecciones en Catalunya es un escándalo más grande que el Tibidabo. No se puede suspender una votación teniendo vigente un estado de alarma que autoriza la realización de actividades no esenciales. No estamos en el marco jurídico de marzo, que motivó el retraso de los comicios en el País Vasco y Galicia. Si se permite ir a tomar cañas en un bar o a comprar en una tienda de ropa, también debe permitirse una convocatoria electoral. Portugal no va a suspender sus elecciones presidenciales. Lo que sí va a hacer es habilitar las medidas oportunas para votar con garantías en función de la situación epidemiológica.
JxCat lleva muchas semanas maniobrando para retrasar unas elecciones que no le vienen bien. ERC no era partidario del aplazamiento. ¿Por qué, entonces, va a ceder el partido de Oriol Junqueras? Porque el aplazamiento -ahora mismo- le es favorable a sus intereses: congela el efecto Illa, que estaba subiendo al PSC en las encuestas como la espuma, y abre la posibilidad a dar tiempo a que el Supremo inhabilite a Laura Borràs, candidata de Puigdemont.

Soy de los que opina que es inaceptable que Illa compatibilice su candidatura con el Ministerio de Sanidad. Conflicto ético y estético. Pero eso no justifica un aplazamiento que la prensa catalana ya da por casi seguro a mayo. Es una maniobra partidista de ERC que usa la pandemia como subterfugio. Insisto: si no dejan votar, que tengan el coraje de suspender todas las actividades no esenciales, como hizo el Gobierno en el confinamiento de marzo de 2020.
La legislatura en Catalunya va a tener un final acorde con el esperpento de mandato: un ex president inhabilitado, un president en funciones de otro partido, unos socios que no se hablan más que para discutir, una Generalitat incapaz de afrontar la gestión sanitaria, una consellera de Sanidad (de ERC) desautorizada por JxCat, una convocatoria electoral forzada por la Ley de Presidencia (se agotó el plazo de dos meses para investir a otro candidato porque no se pusieron de acuerdo los partidos independentistas) y ahora este aplazamiento, perpetuando la situación de interinidad.

Escándalo

Foto: @Rafa_eltorete ·

Los mismos que hicieron causa política de la manifestación del 8-M permitieron ayer un concierto con 5.000 personas en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid [enlace a La Razón]. No tengo conocimientos médicos para calibrar la bomba biológica que algunos pronostican en Madrid, y en general en toda España, por el plan arbitrado entre Gobierno y autonomías para estas fiestas. A mí la movilidad permitida me parece un escándalo y una aberración, pero que sean los expertos los que hablen… Lo que sí está claro es que no puedes exigir disciplina social a la ciudadanía cuando arbitras normas que amparan concentraciones en espacios cerrados como la de anoche. Ya no se puede alegar, como en marzo, imprevisión o desconocimiento. Ahora ya se sabe cómo se transmite el virus, cómo se frena y qué efectos tiene. Sanidad diseñó un estado de alarma que permite el bufé libre autonómico. Es lo que venían pidiendo los gobiernos autonómicos desde antes de la desescalada: un marco común de máximos, un paraguas jurídico, y a partir de ahí que cada uno opere en función de su criterio y de la situación epidemiológica. El resultado es este bochorno en el que han convertido la normativa para Navidad, que tampoco sería extraño que solo valiera para la semana que viene y que se endureciera para Nochevieja. En Madrid nos llevamos el premio Gordo, como prueba el concierto de Raphael o la permisividad en la actividad comercial y de hostelería. La estrategia es soltar la mano al máximo y abrir todo para «salvar la economía». Y ya está preparado el argumentario. Si sale bien, Ayuso salva vidas. Si sale mal, Sánchez se ha inhibido. Si sale bien, se hablará del «milagro madrileño». Si sale mal, se dará justificación al mamotreto del Zendal. Recuerden estas palabras.