Camilo José Cela

6 junio 2006

60 ANIVERSARIO VIAJE A LA ALCARRIA

Mosaico de alcarreños

El autor de “Viaje a la Alcarria” retrató la sociedad de la época a través de unos personajes cargados de realismo y ternura
Nueva Alcarria, 06.06.06
Redacción

En el “Viaje a la Alcarria” hay personajes reales e inventados, pero todos son verdaderos. La frase es de Francisco García Marquina, autor de la biografía “Retrato de Cela”. Los personajes que aparecen en el primer libro de viajes de Cela constituyen una de sus principales aportaciones literarias. Y, sobre todo, detallan un cuadro extraordinariamente aproximado a la realidad social que entonces vivían los alcarreños. Así que, incluso en estas circunstancias, los personajes inventados por la fábula de Cela responden a tipos y esquemas instalados en La Alcarria de posguerra. Personajes y personas, por cierto, que ya han desaparecido en su mayoría.

“Inocencia primitiva”

El crítico José Mª Pozuelo Yvancos escribe que “en la escritura del paisaje son solamente grandes los escritores que han logrado esa solidaridad fundamental de libro y geografía, de territorio y de letra, de atmósfera y de frase” (ABC Cultural, 19-1-2002). Ya no se puede entender La Alcarria sin leer el viaje de Cela en 1946. Y ya no se puede comprender aquella Alcarria sin escudriñar los personajes que trazó la pluma celiana.

Una de las cualidades, a juicio de Marquina, por las que “Viaje a la Alcarria agrada tanto es “porque responde al mito de la inocencia primitiva y tienen sus páginas un constante sabor naturalista. Baroja ridiculiza las descripciones de ambientes y paisajes que hacían los novelistas antiguos porque eran amaneradas. Los ambientes que describe Cela están expuestos con absoluta maestría, entre otras razones, porque el viajero tiene una gran capacidad para elegir acertadamente los elementos claves y referenciales de la oferta visual, olfativa o sonora que se presenta ante él” (El Mundo, 18-1-2002).

Arquetipos de posguerra

El retablo de personajes que apareen en “Viaje a la Alcarria” conforma un mosaico general del paisanaje –en expresión de Manuel Leguineche- de aquella comarca deprimida, diez años después de estallar la Guerra Civil. Era una tierra pobre y deprimida, carente de infraestructuras, pero plagada de personas con sabor, con ganas de contar cosas. En el “Viaje a la Alcarria” hay niños, como Paco “pequeño y listo como un ratón de sacristía”, que vende periódicos en Guadalajara, o Armando Mondéjar, que le acompaña al salir de la capital. Niños que dan patadas en el suelo, como en Brihuega, o mean “gloriosamente, desafiadoramente”, desde el balcón de una fonda de Pareja. Eloísa Corral, la dueña de “La Favorita” de Pastrana, es otra de las grandes protagonistas del relato de Cela. Manuel Paniagua cantaba jotas mañaneras en el parador de Torija y Martín Díaz era el nombre real de Félix Sánchez, el arriero torijano que subió al viajero en carro desde Taracena. Julio Vacas, alias “Portillo”, vendía chucherías en Brihuega y quizá es un buen prototipo del campesino medio de la España de posguerra. Y Felipe, de Casasana, fue apodado “el Sastre” pero no fue ni sastre ni lo había sido nadie en su familia.
Con Paco Cortijo, el médico de Pastrana, Camilo José Cela estrechó una amistad duradera. En el 25 aniversario del “Viaje a la Alcarria”, Francisco Cortijo Ayuso pronunció un discurso emotivo: “¿Qué éramos los personajes del libro? Pues éramos unos entes más bien normales, de carne y hueso, unos comparsas de la gran tragicomedia humana, que pasábamos la vida viviendo su rutina diaria y desarrollando una labor de convivencia social y de oficio, en el medio ambiente que nos rodeaba. El chamarilero, la posadera, la maestra o el médico, todos y cada uno, formábamos en la legión de los desconocidos cumpliendo nuestros destinos, hasta que llega un viajero andador, que dice llamarse Camilo y es de Padrón. Nos trata, nos conoce y nos da a conocer en el mundo literario con frases propias y con tal exactitud de retrato escrito, que por aquel entonces en varias ocasiones, personas desconocidas me paran por las calles de Pastrana, sorprendiéndome con un rotundo “Vd. es don Paco”.

DETALLE

Paisanaje de carne y hueso

Marquina tiene escrito que “hay un primer respeto de Cela con el paisanaje al no interponer su presencia en la narración, llamándose a sí mismo el ‘viajero’ y permitiendo a las personas y a los lugares visitados hablar por ellos mismos”. “Muchas veces –dijo Paco Cortijo, el médico, durante el 25 aniversario del “Viaje a la Alcarria”- he leído el “Viaje a la Alcarria” y muchas veces me he preguntado qué habrá sido de mis compañeros de viaje. Es indudable que siguiendo a línea marcada por el destino, cada uno habrá pasado la trayectoria de su vida de la mejor manera posible, de forma que con arreglo a esa línea, los niños serán hombres, los hombres serán más viejos y los viejos habrá muerto. Sí sabemos, que han muerto don Severiano, el médico de Budia; y su autoritario alcalde y hace poco, Julio Vacas “Portillo”, el pintoresco chamarilero de Brihuega, con gran dolor de Don Luis Capeto y de la Corte de Francia. Pero ¿qué ha sido de Armando Mondéjar, el Niño preguntón o de Roque el Pastor, o de Félix Marco “el Rata” y de éste y aquél y de todos los demás? Del viejo de la chapuza cifontina y de su burro “Gorrión”, si podemos pensar que sus huesos estarán mondos y lirondos en cualquier fosa de un cementerio desconocido y del atrabiliario buhonero don Estanislao Kostka Rodríguez cuyas alías excuso”.